| Dependiendo de la relación
temporal con la muerte se pueden considerar varios tipos de
duelo:
- Duelo anticipado. Es un tiempo caracterizado por el shock
inicial ante el diagnóstico y la negación de
la muerte próxima, mantenida hasta el final por la
ansiedad y el miedo. Deja profundas huellas en la memoria.
- Duelo agudo. Son momentos intensísimos y excepcionales,
de verdadera catástrofe psicológica, caracterizados
por la anestesia emocional e incredulidad ante lo que se está
viviendo.
- Duelo temprano. Desde semanas hasta unos tres meses después
de la muerte. Tiempo de negociación con la evidencia,
de estallidos de rabia y de intensas oleadas de dolor incontenible,
profundo sufrimiento y llanto.
- Duelo intermedio. Período entre el duelo temprano
y el tardío, en el que no se tiene la protección
de la negación del principio, ni el alivio del paso
de los años. Es un periodo de tormenta emocional y
vivencias contradictorias, de búsqueda, presencias,
culpas y autoreproches, ... donde continúan las punzadas
de dolor intenso y llanto, y en el que se reinicia lo cotidiano,
comenzándose a percibir progresivamente la realidad
de la muerte. Es también un tiempo de soledad, aislamiento,
de pensamientos obsesivos. Se va descubriendo la necesidad
de descartar patrones de conducta previos que no sirven y
se establecen unos nuevos que tengan en cuenta la situación
actual de pérdida. Este proceso es tan penoso como
decisivo, ya que significa renunciar definitivamente a toda
esperanza de recuperar a la persona perdida. Los períodos
de normalidad son cada vez mayores. Se reanuda la actividad
social y se disfruta cada vez más de situaciones que
antes eran gratas, sin experimentar sentimientos de culpa.
El recuerdo es cada vez menos doloroso y se asume el seguir
viviendo. Este período dura entre uno y dos años.
- Duelo tardío. Transcurridos entre 2 y 4 años,
el doliente puede haber establecido un modo de vida basado
en nuevos patrones de pensamiento, sentimiento y conducta.
Y aunque sentimientos como el de soledad pueden permanecer
siempre, dejan de ser invalidantes.
- Duelo latente. A pesar de todo, nada vuelve a ser como antes.
Sin embargo, con el paso del tiempo parece que se alcanza
un duelo latente, más suave y menos doloroso, que se
dispara en cualquier momento ante ciertos recuerdos.
Las reacciones más fuertes y prolongadas se manifiestan
cuando la muerte es imprevista. No ha habido tiempo para programar
o anticipar el suceso. De pronto los supervivientes se encuentran
frente a un drama: un accidente de tráfico, un infarto,
un suicidio, un embarazo interrumpido, un asesinato. Ello
provoca un fuerte shock a todos los que conocían a
la víctima. En el caso particular del suicidio los
supervivientes quedan con el dolor, con interrogantes sin
respuestas y sentimientos de culpa por no haber podido prevenir
la muerte.
Fuente: Dr. Miguel Ángel de Frutos Sanz. Coordinador
de Trasplantes de Málaga.
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