| 19. La muerte de un hijo
La muerte de un hijo nunca se olvida. La pérdida de
un hijo no se "supera": uno se "recupera"
de esa pérdida, aunque nunca se venza; dolerá
de tarde en tarde como lo suele hacer una cicatriz. Conocemos
madres de donantes a las que vemos muchos años después
y se presentan con la misma mirada, la misma pena. No hay
duda que sufren. Los psicólogos lo comentan más
técnicamente: “el duelo por la pérdida
de un hijo es el dolor máximo, desgarrador e insuperable”.
Y además la mayoría de las veces sucede de forma
imprevista, rodeada de tragedia, sin esos meses de enfermedad
previa que te hubieran puesto en situación; que incluso
por un cáncer le hubieras visto sufrir en vida, percibido
el guiño de la muerte y hubieras incluso deseado que
cesara ese tormento.
20. Aceptar la muerte
Parece tan evidente, pero resulta difícil. Hay muchos
factores que influyen: desde la edad y la relación
con el fallecido, a la forma de morir y a los apoyos y recursos
sociales de los sobrevivientes. Aceptar la realidad de la
muerte quiere decir reconciliarse con la propia mortalidad
y con la realidad de que esa persona tan querida ya no existe.
Un indicador de que la muerte ha sido aceptada es cuando la
persona de luto empieza a hablar del difunto en términos
de muerte o soledad personal. Cuando empieza a ver con más
claridad y habla con tranquilidad de la nueva situación
a la que esta haciendo frente. Cuando los verbos de frases
relacionadas con el difunto se van conjugando mayoritariamente
en pasado.
Hablar con alguien que se ha recuperado de una pérdida
es como hablar con un descubridor, es hablar con alguien que
habla de lo que ha ganado más de lo que ha perdido.
Su vida refleja los acontecimientos del pasado, pero se concentra
en el futuro. La muerte y la pérdida no dominan sus
pensamientos. Son personas compasivas, con paciencia, con
respeto a la vida y una estima profunda de las relaciones
humanas.
21. Decálogo derechos de las familias donantes
Las familias donantes tienen derecho a:
1. Tener una completa y adecuada información sobre
el proceso de enfermedad o accidente que ha conducido a la
muerte. Esta información debe ser proporcionada con
humanidad y sencillez. Debe ser bien entendida de acuerdo
a las capacidades de los interlocutores y facilitada cara
a cara en un entorno privado. Deben conocer las pruebas realizadas
y las decisiones terapéuticas que hayan incluido o
excluido actuaciones neuroquirurgicas.
2. Una explicación detallada de la situación
de muerte encefálica, de su significado y de los procedimientos
diagnósticos que se le han realizado para su confirmación.
3. Tener la oportunidad de estar en contacto físico
con el familiar en muerte encefálica, para ver, tocar,
abrazar, besar a la persona y para darle el ultimo adiós.
4. Decidir acerca de la donación de cada uno de los
órganos o tejidos en nombre propio y del fallecido,
trasmitiendo en caso de ser conocida, la opinión del
fallecido en vida.
5. A solicitar los servicios de personas apropiadas (sacerdotes,
psicólogos, segunda opinión médica, consejos
de terceros) sobre la decisión de donar.
6. Mantener discreción sobre la decisión de
donación.
7. Asegurar que los procedimientos de extracción respetaran
la imagen del fallecido y que la restauración de las
cicatrices será acorde con los mejores estándares
sanitarios.
8. Recibir información sobre los órganos extraídos
y trasplantados con especial referencia a datos de los receptores
manteniendo el anonimato.
9. Solicitar información periódica sobre la
evolución de los receptores
10. Recibir apoyo por grupos adecuados para superar el proceso
de duelo.
Fuente: Dr. Miguel Ángel de Frutos Sanz. Coordinador
de Trasplantes de Málaga.
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