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32. La Donación de órganos: nueva forma de
vivir la fraternidad
En fechas recientes, la Asociación Mensajeros de la
Paz se dirigió a las familias españolas, pues
necesitaba hogares que desearan adoptar a niños con
problemas físicos y psíquicos. La respuesta
ha sido rápida y generosa, porque es mucha la bondad
que anida en el corazón humano. Y muchas veces no existe
una respuesta solidaria por falta de información. Algo
así puede estar sucediendo con el tema de los trasplantes
de órganos. Miles de personas esperan con la vida pendiente
de un hilo. Los avances impresionantes de la medicina y la
competencia de los profesionales han abierto nuevos cauces
de lucha contra la enfermedad: los trasplantes de órganos.
Gracias a ellos, se han abierto posibilidades de vida para
enfermos que parecían irremediablemente condenados
a morir. Actualmente se realizan con buen éxito trasplantes
de riñón, hígado, medula ósea,
de páncreas, de pulmón, de corazón, ...
Pero son escasos los donantes.
Más de 5000 personas esperan en España un trasplante
de órganos, y la media de espera para recibir un riñón
es superior a los tres años.
Nadie debe sentirse obligado ni coaccionado a ser donante.
Pero es una hermosa forma de vivir la fraternidad humana y
cristiana. La Iglesia no solo no pone obstáculos sino
que alienta a todos los cristianos –y a todos los hombres
de buena voluntad- a ejercer esta nueva posibilidad de vivir
el amor fraterno. Con palabras del Papa, “tal gesto
es tan saludable por el hecho de que no os mueve a realizarlo
el deseo en intereses o miras terrenas, sino un impulso generoso
del corazón, la solidaridad humana y cristiana... Al
donar sangre o un órgano de vuestro cuerpo (...), que
vuestro gesto hacia los hermanos necesitados sea realizado
como un ofrecimiento hacia el Señor, el cual se ha
identificado con todos los que sufren a causa de la enfermedad...”.
¡Eso si, respetando las pautas legales y éticas
que tan bien conocen nuestros profesionales, y de las que
deben informar siempre a los interesados en donar sus órganos!.
Tanto la Organización Nacional de la Salud como la
Iglesia han hecho aportaciones muy ricas y matizadas en este
terreno.
La sociedad de Málaga es ciertamente sensible a esta
necesidad, pero estamos lejos de ser verdaderamente generosos.
Contamos con buenos profesionales y escasean lo donantes.
Andalucía, tan generosa siempre, está por debajo
de la media nacional en cuanto a donaciones de órganos.
Quizá por falta de información o por simple
pereza. Sería hermoso y evangélico que nos tomáramos
muy en serio esta forma de vivir la fraternidad para conseguir
un cambio en nuestros hábitos. Lo más practico
es pedir información a los profesionales de la medicina
sobre el carné de donante, las condiciones requeridas
y la eficacia de esta ayuda. Y quien tome la decisión
de ser donante, es conveniente que se lo comunique a su familia,
para evitarles ansiedades si es que alguna vez llega la ocasión.
Y tal vez sea una cuestión que merezca el interés
y el estudio de nuestros grupos de Cáritas y de Pastoral
de Enfermos. Es otra forma –ciertamente moderna y eficaz-
de vivir la fraternidad y de ejercer de buen samaritano. Otra
oportunidad de romper esas cadenas que mantienen a miles de
personas atadas de por vida a la ayuda imprescindible de las
máquinas.
Monseñor Antonio Dorado Soto. Obispo de Málaga.
Fuente: Dr. Miguel Ángel de Frutos Sanz. Coordinador
de Trasplantes de Málaga.
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