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Los trasplantes en la salud del siglo XXI
La esperanza de vida de los llamados países del primer
mundo, desarrollados o industrializados, donde afortunadamente
nos encontramos, ha experimentado un continuo crecimiento
durante todo el siglo XX. Vencidas o atenuadas gran número
de enfermedades infecciosas y con los progresos habidos en
los procedimientos diagnósticos y terapéuticos,
se han logrado cotas de salud que parecían inalcanzables
en la primera mitad de este siglo.
En las últimas décadas, campañas preventivas
y de educación sanitaria, han permitido mediante recomendaciones
sobre consumo de tabaco, hábitos dietéticos
y ejercicio físico, que algunos países disminuyan
la mortalidad y morbilidad secundaria a esos factores de riesgo.
Pese a ello, otras patologías como el sida, tumores
y accidentes, son los agresores más serios y graves
en el momento actual que están frenando el crecimiento
de las expectativas de vida.
Pero no solo se está consiguiendo una vida más
prolongada sino de más calidad. Este tiempo, que añadido
al final de una trayectoria profesional y familiar, hace factible
disfrutar felizmente de un buen puñado de años
en la vejez, es uno de los aspectos más llamativos
y que actualmente es realidad para un creciente número
de jubilados españoles.
La influencia de los trasplantes de órganos en la salud
de la población comienza a ser representativa en nuestro
país, al menos, de momento, en su contribución
sobre la calidad de vida. El pasado año se alcanzó
en España el trasplante renal número 10.000,
al tiempo, que se cuentan ya por miles, los trasplantados
de hígado y corazón. Estas cifras logradas fundamentalmente
en la última década, están permitiendo
un espectacular cambio en la salud y condiciones de vida,
para un número importante de enfermos y familias. El
sostenido crecimiento en la práctica de los trasplantes
que ha pasado de mito a realidad, hace pensar que representarán
cifras muy superiores en el próximo siglo.
Este logro que los profesionales sanitarios de nuestro país
ponen a disposición de toda la sociedad, precisa por
el momento, de una mayor concienciación y compromiso
personal, para que uno de pilares donde se asienta esta actuación,
sea lo más sólido posible: oferta de órganos.
Prácticamente la única barrera que frena actualmente
una más rápida difusión de este tipo
de tratamientos en España y en todo el mundo, es la
falta de suficientes órganos para trasplantar, circunstancia
que conduce actualmente a limitar las indicaciones de los
trasplantes de órganos a aquellas personas con mayor
esperanza teórica de vida, a patologías muy
concretas y aplicables en un reducido número de centros.
En nuestra sociedad, que partía de unos índices
de donación realmente bajos, se está consolidando
esta cultura del trasplante y se observa un cambio claro de
disposición. Cada vez son menores las posturas radicales
en contra de la donación y se evidencia un cambio esperanzador,
abandonando actitudes de pasividad e indiferencia. La población
es consciente de que la donación de órganos
es una moneda de cambio que hace posible el lema: “hoy
por ti, mañana por mí o para mi familia”,
y reconoce, cada vez más, un sentido de utilidad para
el cuerpo tras la muerte.
Cuando la población tome conciencia de la importancia
que tendrán los trasplantes de órganos en su
salud, se logrará, en parte, que la oferta de órganos
para trasplante sea suficiente para poder hacer frente a más
enfermos crónicos de hígado, corazón,
páncreas, riñón, médula ósea,
etc. Defendemos la donación solidaria y altruista,
como la única que puede conseguir cancelar listas de
espera para trasplantes, de forma que, nunca se pueda oír
que alguien llegue a morir porque no le llegó un órgano
para trasplante.
Con el desarrollo masivo de los trasplantes en el próximo
siglo y alcanzadas cotas de donación óptimas,
se plantearán, con más énfasis, otras
problemáticas sanitarias, ante la necesidad de desviar
importantes recursos económicos para los trasplantes
de órganos. Preguntas como: ¿quién paga?,
¿quién vive?, ¿quién decide?,
serán parte de un vasto problema ético que la
sociedad y sus representantes democráticamente elegidos,
deberán concretar con valentía. En cualquier
caso, la pugna entre aplicación de tecnología
y terapéuticas sofisticadas versus sanidad básica
y con mínimos generales, no debería perpetuarse
como un paralogismo crónico y debería quedar,
como hasta ahora, en manos de los profesionales sanitarios,
responsables de las indicaciones y tratamientos, basados exclusivamente,
en criterios médicos.
Nuestra sociedad que ha alcanzado cotas de salud importantes
en otras áreas, debe saber, que dispone de los trasplantes
para tratar muchas enfermedades que pueden presentarse a lo
largo de su existencia y que estos tratamientos le van a proporcionar
más y mejores años de vida, pero todos tienen
que colaborar necesariamente, aportando su clara disposición
a donar y a que se utilicen sus órganos en el momento
del fallecimiento, como una contribución social obligatoria
que debería ser un modo de actuación absolutamente
normal y del que esperamos que llegue a dejar de ser noticia
en los medios de comunicación del próximo siglo,
debido a que felizmente, se haya alcanzado un perfecto equilibrio
entre oferta y demanda.
Fuente: Dr. Miguel Ángel de Frutos Sanz. Coordinador
de Trasplantes de Málaga.
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