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El carné de trasplante
Durante el pasado año, los trasplantes de órganos
y los implantes de tejidos, han alcanzado en nuestro país
un número jamás conocido hasta ahora y que ha
permitido prolongar la vida o mejorar su calidad, a 2.973
enfermos de riñón, corazón, hígado,
pulmón, páncreas y en otros con problemas hematológicos
o de visión.
Los trasplantes de riñón, el más conocido
y del que éste año se cumple el 40° aniversario
del primero realizado con éxito, han sido 1.363 en
toda España, cifra que coloca a nuestro país
entre los primeros del mundo, al significar 35 trasplantes
anuales por millón de población.
Sin embargo, pese a este palpable crecimiento, tenemos cada
día más población enferma esperando ser
tratada con trasplantes. Esta circunstancia se explica fácilmente
si pensamos que el trasplante, cuando fracasa la terapéutica
medicamentosa, es el modo de tratamiento más completo,
que restituye la función del órgano enfermo
del modo más natural y cada vez con menores riesgos
dependientes de la cirugía y de la medicación
antirrechazo, que obligatoriamente tienen que tomar los trasplantados
durante toda su vida. Por ello, el trasplante es una terapéutica
cada día más indicada y aplicada por clínicos
y cirujanos.
Pero es preciso recordar que, si bien el trasplante de órganos
es una realidad que se ofrece a toda la población que
lo necesite, hoy por hoy tenemos una limitación importante:
la falta de órganos. Esta es sin duda la única
circunstancia que frena su mayor difusión y su aplicación
en muchas otras enfermedades que, por ahora, no responden
a otro tipo de tratamiento.
Si todos queremos beneficiarnos del avance que supone disponer
de los trasplantes para tratar nuestras enfermedades, es preciso
que, de una forma urgente, se modifique la mentalidad y actitudes
de una buena parte de la población, para crear un estado
de opinión más favorable cada día a la
donación de órganos. Que sea factible el que
ni un solo enfermo pendiente de un trasplante muera por no
haber sido posible encontrar a tiempo, una persona y una familia
solidaria, generosa y altruista que decide la utilización
de sus órganos sanos en el momento de su muerte, para
poder ser trasplantados y que sigan funcionando en otros cuerpos
con padecimientos localizados.
En esta línea de pensamiento, pensamos que el concepto
de carné de donante es ya un término anticuado.
No vale solo pedir a la población que se haga donante
y tenga su carné para donar órganos el día
de su muerte. Se trata de potenciar el carné de trasplante.
Carné real o imaginario, que nos cualifique a todos
tanto como posibles donantes, tanto como posibles receptores.
Asegurar que, del mismo modo que algún día podemos
donar parte de nuestro cuerpo, también tendremos las
mismas oportunidades de restaurar o reponer alguno de nuestros
órganos enfermos, porque, alguien con otro carné
de trasplante, estará dispuesto a ofrecer idéntica
solidaridad. Es preciso crear una mayor cultura del trasplante
y no de la donación aislada. Toda la población,
enfermos y sanos, tienen que exigir más trasplantes.
No es difícil imaginar, si se lograra este cambio de
actitud en nuestra sociedad y se duplicaran las cifras de
órganos trasplantados, los beneficios a disposición
de los que por desgracia necesitan o necesitarán un
trasplante. Y sucede que, esta circunstancia puede llegar
a ser realidad en cualquiera de los que hoy disfrutamos de
una buena salud, porque las enfermedades subsidiarias de trasplantes,
aparecen de forma fortuita, violenta y sin avisos, como un
infarto de miocardio, una nefritis o una hepatitis fulminante.
Además, un menor intervalo entre indicación
del trasplante y la intervención quirúrgica,
permitirían mejorar más aún los resultados
y se eliminarían sucesos que, por desgracia, vemos
con relativa frecuencia: morir esperando un trasplante. Cuesta
mucho soportar la impotencia al no poder trasmitir a una familia
que dolorosamente siente la muerte de un familiar muy cercano
y que niega la extracción de órganos, que existen
otras familias con un sufrimiento parecido, al lado de sus
hijos o cónyuges, que no ven llegar una donación
que les libre del tormento y de la muerte.
Por eso queremos que pienses, que "llevas encima"
un carné de trasplante que, sobre todo, significa reciprocidad,
posibilitándote idénticas oportunidades a ti
y a tu familia, tanto si necesitas un trasplante, como si
a tu muerte, decides donar órganos.
Fuente: Dr. Miguel Ángel de Frutos Sanz. Coordinador
de Trasplantes de Málaga.
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