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Regalo de vida

Asistimos en las últimas décadas a la sucesión de avances extraordinarios en la práctica médica que están haciendo posible un diagnóstico más certero y un enfoque terapéutico cada vez más perfecto y eficaz de un gran número de enfermedades. Sin embargo, el funcionamiento del cuerpo humano es tan complejo, que todavía permanecen ocultos remedios y soluciones para reparar órganos enfermos que han llegado a una situación de extenuación de difícil salida, donde el cuerpo entero se viene abajo y muere.


Los trasplantes de órganos, cada vez más numerosos, están llegando a tiempo y consolidándose como una alternativa terapéutica imprescindible allá donde no es posible lograr la curación por otros medios. Para todos aquellos que no recuerden bien la historia de los trasplantes de órganos, basta recordar que se realizan trasplantes de riñón desde 1952 y que el paciente que más tiempo se mantiene con un riñón funcionante alcanza la friolera de 29 años. Existen receptores que viven con un hígado trasplantado desde hace 22 años y el trasplantado de corazón más antiguo ha superado con éxito los 20 años de trasplante. Así pues, el trasplante de un órgano no es una "chapuza" o una solución pasajera en fase experimental o de desarrollo, sino una solución definitiva y duradera para cada vez más enfermos y que realmente les salva de la muerte.


La donación de órganos tiene que ser considerada como una actitud cada vez más extendida y aceptada, acorde con el tiempo que vivimos y necesaria para que la medicina de los trasplantes se mantenga y pueda llegar a toda la población.


Es maravilloso asistir en los primeros días en los que la función del nuevo órgano se consolida y el cuerpo entero empieza a despertar del largo letargo en el que la enfermedad le había sumido, a la alegría que los receptores y sus familias expresan, temerosas aún por el miedo a las complicaciones quirúrgicas o al rechazo del nuevo órgano. En esas interminables jornadas de las primeras semanas de un trasplante, el deseo por conocer detalles de la persona y de la familia que ha donado, es una reclamación continua ante los médicos y enfermería que les atienden y vigilan estrechamente.


Su alegría por el éxito de la operación que les va a permitir concluir los estudios, estabilizar la familia, volver al trabajo y realizar un sin fin de ilusiones y proyectos que esperan y que para los que gozamos de una buena salud no valoramos en su justa medida, se empaña momentáneamente por el recuerdo entrecortado del donante, a quien no conocen pero sienten como algo propio dentro de un indefinido parentesco. Saben y sienten el sufrimiento en el que estará inmersa la familia por la irreparable pérdida y, de forma inconsciente, establecen una nueva relación de parentesco con esa desconocida familia que ha derrochado valentía y generosidad, permitiendo que esos órganos extraídos -la mayoría de las veces en plena juventud y rebosantes de salud- sigan funcionando en ellos y aporten vitalidad e ilusión a otras familias que durante años han pasado por circunstancias dramáticas, debido a una cruel y prolongada enfermedad.


Uno de los aspectos que nos ayudan a animar a las familias indecisas a quienes solicitamos la donación de órganos, además de la convicción de que hacemos algo en lo que creemos firmemente, son las experiencias que familias de donantes nos trasmiten. Para un buen número de estas familias, el recuerdo de la donación de órganos, dentro de la pesadilla de la absurda e imprevista muerte del hijo, padre o hermano tan querido y necesitado, representa una ayuda para soportar esa angustia inicial que les invade los primeros días, los primeros meses. Piensan que su tragedia tiene alguna parte positiva y a ella se refieren y aferran en los momentos más tristes, e intentan pensar en aquellos trasplantados a quienes han dado vida.


"Si salvas una vida, salvas el mundo". Esta frase, escogida del "Talmud", ejemplifica el potencial que tenemos para cambiar el curso del destino. El regalo de la donación para la salvación de otras vidas deberá ser, cada vez más, un compromiso ético irrenunciable inculcado desde la primera escolarización. La ayuda a todos estos enfermos, con todo nuestro cuerpo, cuando pronto, tarde o quizá nunca llegue la oportunidad de la donación, tiene que ser una obligación aceptada por toda la población.

 

Fuente: Dr. Miguel Ángel de Frutos Sanz. Coordinador de Trasplantes de Málaga.

 

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