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Trasplantes de órganos: presente y futuro
Hipócrates en sus conocidos aforismos incluyó
aquel por el que para enfermedades extremas se deberían
aplicar tratamientos extremos. Cada año algo más
de 2500 pacientes reciben en nuestro país trasplantes
como un excepcional acto terapéutico.
Los trasplantes de órganos resultan así el último
tratamiento eficaz para un gran número de enfermedades
que, pese a los avances médicos actuales, no tienen
una adecuada respuesta con terapias farmacológicas
o quirúrgicas. Totalmente consolidados y con unos resultados
que cada día nos asombran más, los trasplantes
de riñón, hígado o corazón permiten
una rehabilitación prácticamente total en el
receptor una vez superados los primeros meses. Sin embargo,
la particularidad que limita su mayor expansión es
debida, casi exclusivamente, a la escasez de órganos
sanos disponibles para el trasplante.
La diferencia entre el número de órganos para
trasplantar y el de posibles receptores de trasplantes tiende
a ampliarse. Esta divergencia ha conducido en algunos países
desarrollados a establecer un código ético para
regular todas las actividades de trasplantes. Es unánime
la resolución que pretende controlar y prevenir actuaciones
que pudieran desvirtuar el acto de la donación tal
y como se viene haciendo hasta ahora en la mayor parte del
mundo: altruista y anónima. Comités éticos
de diversos países europeos debaten desde hace tiempo
e intentan consensuar un código de conducta que regule
las actividades relacionadas con la donación y trasplante
de órganos. Así, queda totalmente prohibida
la venta, premio o gratificación por la donación
de cualquier órgano para trasplante. Médicos,
personal sanitario y profesionales no sanitarios de la salud
deberán abstenerse de participar en procedimientos
de trasplante si tienen razones para pensar que los órganos
han sido objeto de transacciones comerciales o son de desconocida
o dudosa procedencia.
Esta situación de carencia de órganos para trasplante
hace que se estudien alternativas a los donantes humanos.
Y esto ha llevado al desarrollo de grandes proyectos científicos
para utilizar a algunos animales como fuente prácticamente
inagotable de órganos para trasplante (xenotrasplantes).
Órganos que cuando se consiga controlar la barrera
inmunológica que nos separa mediante la administración
de nuevos y potentes medicamentos inmunosupresores o a través
de la cría de animales transgénicos ( animales
a los que se les ha intercambiado mediante ingeniería
genética, genes propios por genes humanos que codifican
la síntesis de nuestras proteínas). De este
modo, alguna de las estructuras con capacidad de desarrollar
fenómenos de rechazo, al existir diferencias entre
las especies, pasarían a un segundo plano gracias a
que el animal nacerá con receptores celulares de diseño
humano.
La otra gran ventaja sería la de conseguir unos órganos
para trasplantar completamente sanos y perfectamente funcionantes
al estar criados solo para ese fin. En el lado contrario existiría
la posibilidad de trasmitir desconocidas enfermedades actualmente
restringidas al habitat animal y que podrían causar
graves estragos en el hombre al traspasar de forma artificial
y violenta barreras que las mantenían sujetas en los
animales.
El animal más fácil de utilizar en nuestros
trasplantes de órganos sería el cerdo, al tener
unos órganos internos de similar tamaño y con
una reproducción fácil y barata.
Asociaciones protectoras de animales, ecologistas y conservacionistas
de distinta índole, se han manifestado en contra de
esta utilización, pero sin aportar argumentos convincentes.
La vida humana comporta una vida racional y es una vida superior
a la de cualquier animal. Los animales deben ser queridos,
cuidados y respetados pero algunos deben y pueden, como ha
sido siempre, estar a disposición del hombre, con arreglo
a especificaciones y controles legales, para que le ayuden
como alimento, sustento o para mejorar su calidad de vida.
No debería existir una gran diferencia entre sacrificar
un animal para disponer de alimento o para utilizar algunos
de sus órganos vitales con fines de trasplante, una
vez aplicadas todas las garantías posibles para evitar
en el animal sufrimientos innecesarios o desproporcionados.
Para algunos filósofos, la producción de cerdos
transgénicos con fines de trasplante plantearía
además, el dilema de si estos cerdos serían
“parcialmente humanos” y como tales se les deberían
aplicar nuevas regulaciones que controlaran su utilización.
Se podría elucubrar y hablar de posible pseudo-canibalismo
si se aprovecharan para alimentación, productos sobrantes
tras la extracción de órganos.
En el momento actual los trasplantes de órganos de
animales al hombre, quedarían reservados como trasplantes
"puente" mientras llega un órgano humano
susceptible de reemplazarlo. Los avances científicos
en estas áreas de xenotrasplantes tienen que desarrollarse
todavía más intensamente en el laboratorio,
por mucho que noticias del reciente trasplante de hígado
de babuino al hombre tiendan, en un primer momento, a trasmitirnos
una imagen eufórica de la situación.
Mientras tanto, la solución ahora y para las próximas
dos décadas, pasa obligatoriamente, por aumentar la
solidaridad interhumana en nuestra comunidad, donando nuestros
órganos para permitir su reutilización. Se debe
evitar -cuando sea posible- la inexorable e inmediata destrucción
de todo el cuerpo tras la muerte, en aquellos que han perdido
inesperadamente la vida permitiendo la extracción de
órganos con fines de trasplante. Es necesario trasmitir
más intensamente ese sentido de utilidad y de reciclaje
para algo tan preciado y escaso como estas insustituibles
partes de nuestro complejo cuerpo humano.
Fuente: Dr. Miguel Ángel de Frutos Sanz. Coordinador
de Trasplantes de Málaga.
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