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A mi donante: ¡ gracias !

Los receptores de órganos o tejidos trasplantados no pueden agradecer como quisieran el regalo de vida a sus desconocidos donantes o a sus familias. Por diversas vías, todos desearían expresarlo pública o privadamente y hacer cualquier cosa que reflejara el inmenso reconocimiento y gratitud por el trasplante, pero no lo encuentran fácil. Usted puede decir gracias a quien le ayuda a encontrar una calle cuando se encuentra perdido; a quien le devuelve a un hijo pequeño que se había extraviado; a quien le ofrece alguna bebida cuando la sed es intensa. Pero a los trasplantados no les facilitamos el escenario para poder manifestar personalmente su sincera gratitud a quien les ha salvado la vida.


Nuestros legisladores de acuerdo a una visión pragmática de las leyes que promulgan para hacer más fácil y justa nuestra convivencia, promueven el anonimato entre donante y receptores para evitar, según dicen, que en algunos casos excepcionales pero posibles, se pudieran establecer vínculos o relaciones anómalas que fueran más allá de un sincero agradecimiento y acabaran en presiones psicológicas o de otra naturaleza.


Por ello, los profesionales sanitarios relacionados con donantes y trasplantes, estamos obligados al secreto y a custodiar con celo las identidades de donantes y receptores, aún a sabiendas de que en ocasiones, estos planteamientos son imposibles. La propia naturaleza de los trasplantes obliga con cierta frecuencia a que las operaciones de extracción y trasplante coincidan en el tiempo y en el mismo centro hospitalario. Así habitualmente, familiares del donante y familiares del receptor comparten la sala de espera, un banco de la calle o la barra de la cafetería. Y en nuestra cultura cuando vemos a una familia afligida por el dolor de la pérdida de un ser querido, es normal manifestarles nuestro sentimiento y nuestra pena. Con cierta frecuencia también, a lo largo de tantas horas de espera, salen en la conversación recuerdos y circunstancias que explican su estancia hospitalaria y los interlocutores se dan súbitamente cuenta que están unidos por una expectativa común: la esperanza. Las familias de donantes y receptores estaban con la esperanza muy alta. Los primeros, dada la gravedad de la enfermedad o accidente, esperaban la recuperación aunque fuera milagrosa. Los otros y por el mismo motivo, esperaban que llegara pronto un trasplante como última y desesperada solución.


En otras circunstancias, son los profesionales de los medios de comunicación los que con ocasión de que algunos donantes tienen detalles de excepcionalidad o notoriedad, activan sus mejores habilidades y contactos a la búsqueda de las identidades de los hasta entonces anónimos protagonistas de noticias de gran interés humano.


Cuando los coordinadores de trasplante entrevistamos a una familia en proceso de duelo para ofrecerles la opción de donar órganos, les facilitamos toda la información necesaria para hacerles ver que la donación es una decisión buena, solidaria y justa. Incluso el recuerdo de la donación hará más llevadera la pérdida a medida que transcurran semanas o meses. Además, siempre habrá una o varias familias beneficiadas con los trasplantes que recordarán a su donante con la máxima gratitud que se puede tener hacia una persona que sienten como bondadosa porque a costa de la propia vida facilitó su curación. Nuestros argumentos incluyen hacerles ver que nunca se arrepentirán de la decisión de donar y que aunque los receptores no se lo podrán reconocer personalmente, nosotros les informaremos de algunas características de los trasplantados, a excepción de su identidad, para que puedan, si así lo desean, imaginarles en sus pensamientos.


Lo mismo hacemos con los receptores. Siempre les animamos a que tengan un recuerdo para su donante y para su familia. Y nos consta que la pregunta invariablemente es: ¿podría conocer a esa buena familia para manifestarles mi gratitud?. Sienten que nuestra respuesta sea negativa, aunque lo entienden y con frecuencia nos facilitan alguna fotografía meses después del trasplante, cuando han desaparecido las huellas de la enfermedad y su rostro es indiferenciable del de cualquier persona con un estado normal de salud. Estas anónimas fotografías del receptor se las ofrecemos a las familias donantes. También algunos receptores guardan con gran cariño fotografías de una persona que nunca han visto, ni hablado y que nunca encontrarán: su donante.


La alegría y gratitud de los trasplantados es el motivo de que habitualmente comiencen a contar su edad a partir de la fecha del trasplante. Su segundo nacimiento. Y lo celebran como su principal cumpleaños. Esas actitudes hacen posible cambiar un aniversario penoso para una familia, en una fecha de celebración y alegría para otra. Para los que tienen prácticas religiosas estos recuerdos van siempre acompañados de sus mejores y más sinceras oraciones, con la convicción de que su donante está integrado ya como uno más en sus oraciones cotidianas por sus familiares queridos.


Por éstas y otras razones, desearíamos animar a toda la población a abrazar la opción de la donación de órganos como una actitud lógica, solidaria y la más humana que se puede tener con nuestros semejantes. Sólo vamos a pedir órganos y tejidos cuando ya no lo necesite su propietario, cuando no tienen utilidad para nadie más que para el enfermo desesperado y en la seguridad de que ningún otro regalo o dádiva será tan agradecido como la donación con fines de trasplante, tratamiento que va a permitir el funcionamiento durante muchos años, de órganos o tejidos tan indispensables por vitales.


Sirvan éstas líneas como testimonio de gratitud de todos los trasplantados a sus anónimos donantes, verdaderos héroes salvavidas por el precioso regalo de la donación.


Aunque si todavía tienes dudas, cierra los ojos e imagina la cara de un joven adolescente que se trasplantó hace unos meses y que ya corre sonriendo, y que juega con sus amigos, y que ha vuelto al colegio, y que tiene planes, y ...


Si quieres ser donante cuando llegue el momento, tienes que decirlo hoy. Tu familia debe conocer tu opinión sobre la donación y los trasplantes de órganos. Ellos serán los garantes de que tu decisión se lleve a cabo. Tan simple. Tan natural. Tan importante.

 

Fuente: Dr. Miguel Ángel de Frutos Sanz. Coordinador de Trasplantes de Málaga.

 

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