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Comprometidos con la donación
La donación de órganos en nuestro entorno ha
alcanzado en los últimos tiempos una estabilidad, tanto
en lo bueno (33 donantes por millón de población),
como en lo menos bueno (25 % de negativas a la donación).
Con este capital tenemos que proporcionar tratamientos con
trasplantes a una población cada vez mas numerosa,
de mayor edad y más exigente. Es fácil entender
que resulta difícil aceptar, tanto para los enfermos
como para sus familias, permanecer durante años en
lista de espera de trasplante sin que les llegue ese tratamiento,
que por único y eficaz, es tan anhelado. Para ellos,
lo mismo que a los profesionales sanitarios, nos resulta dramático
enterrar tantos riñones, hígados y corazones
de personas que fallecen en circunstancias que pudieran haber
sido donantes y sin posibilidad de aprovechar algún
órgano o tejido para operaciones de trasplantes, que
hagan posible la continuidad de la vida. Tanto la legislación
vigente como los avances científicos, permiten en estos
momentos que los buenos fines de los órganos donados
se alcancen en nuestros hospitales sin ningún género
de dudas, con resultados funcionales óptimos y elevados
estándares éticos, al ser considerado el modelo
español en donación y trasplantes, probablemente
el más original, eficaz, transparente y justo de todos
los actualmente vigentes en el mundo. Con estos planteamientos
tan benéficos ¿cómo es posible que una
pequeña pero significativa parte de la población
diga todavía no a la donación?. Los argumentos
más habituales expresados por familiares del fallecido
en estos casos son, que no toquen ya su cuerpo, que se quede
como está y que no conocían su opinión.
Para intentar entender estas decisiones ciertamente egoístas,
hay que profundizar en aspectos antropológicos de la
naturaleza humana. El respeto a la integridad del cuerpo y
la repugnancia a su violación tanto la obligatoria
y legal (autopsia judicial) como la voluntaria y solidaria
(donación de órganos) ha sido y es, una justificación
para que algunas familias contemplen la donación como
algo impuro, no gratificante y se nieguen a considerar la
donación de sus familiares cuando fallecen sin haber
acreditado ante ellos su firme voluntad de ser donante.
El concepto de imagen corporal y su preservación tras
la muerte surge hace miles de años. En épocas
remotas la inhumación era una práctica general
con enterramientos progresivamente más sofisticados
y complejos, dependiendo del status del fallecido. Los mitos
relativos para alcanzar la vida eterna tras la muerte terrenal
son la base para los diferentes rituales funerarios, desde
la máscara como preservación de la “fotografía”
del difunto hasta el embalsamamiento más sofisticado
que mantenía el cuerpo incorrupto con una fidelidad
extraordinaria a su estado anterior y con apariencia de vida.
La Iglesia Católica ha favorecido en el pasado prácticas
de enterramientos particulares que han promovido un notable
apego al cuerpo, determinado por el fallecido o por sus familiares.
Estas han ido desde los espacios reservados en catacumbas
a las inhumaciones dentro de las mismas iglesias o en su entorno.
La rápida aceptación de la cremación
en las últimas décadas en la cultura occidental
está facilitado en gran medida, un cierto desapego
de esas tradiciones funerarias alrededor de la muerte. Con
la cremación, el cuerpo del fallecido cambia de estado,
pero ni se le olvida más, ni se le quiere menos, ni
pierde un ápice de respeto, atributos o prerrogativas.
Es preciso que aprovechando estos cambios de mentalidad que
facilitan la creciente opción de la cremación,
nuestra sociedad comience a mirar la donación de órganos
como una decisión lógica, humana, acorde con
los tiempos solidarios que nos ha tocado vivir y la elija
de forma racionalizada y mayoritaria.
Las autoridades españolas han actualizado recientemente
la legislación sobre donación y trasplantes,
de una parte para facilitar que nuevas tecnologías
diagnósticas y nuevos programas de trasplante con órganos
procedentes de donante vivo, puedan ser aplicados en nuestros
hospitales. Este control legal sobre las donaciones y los
trasplantes introduce además las máximas garantías
en los protocolos de donación y trasplante, alejando
cualquier posibilidad de error o abusos al introducir controles
completos y sofisticados.
Mientras las expectativas con trasplantes realizados desde
animales transgénicos o provenientes de modificaciones
de células “madre” se consolidan, es preciso
intentar conseguir máxima simbiosis sanidad-sociedad
para que ningún órgano de fallecidos en hospitales
autorizados para la donación de órganos, deje
de ser valorado con fines de trasplante para solucionar así,
graves y mortales enfermedades.
Los estudios realizados sobre actitudes de la población
española sobre donación y trasplante muestran
de forma uniforme que una gran mayoría está
a favor y que donaría tanto órganos de su propio
cuerpo como de sus familiares, si conociera que por su parte
no existía oposición. De ahí la importancia
de que todos nosotros en algún momento de la vida,
transmitamos a nuestra familia, a nuestros amigos, el deseo
de ser considerados donantes llegado el caso. Esa frase tan
sencilla, facilitará en su momento una importante decisión.
Por ello pedimos con reiteración y hoy más si
cabe, en el día del donante de órganos, esa
manifestación de voluntad positiva hacia la donación
tanto en el público como entre los profesionales sanitarios.
Conocemos por propia experiencia y así ha sido valorado
en otros hospitales, que actitudes positivas sobre la donación
y los trasplantes entre enfermeras, médicos y profesionales
no sanitarios, influyen de forma clara y contundente en familias
que pasan por la terrible experiencia de la muerte súbita
en su entorno y que tienen que decidir en esos tristes y presurosos
instantes, acerca de la donación de órganos.
Por eso desearíamos facilitar a todos información
amplia y actualizada sobre la donación y trasplantes,
ya que estamos convencidos de que a mayor información,
mejor opinión. Esta es una obligación de las
autoridades sanitarias y de los profesionales más relacionados
con la donación y trasplantes, queremos que sea juzgada
como un compromiso leal ante una situación sanitaria
en materia de trasplantes que con ser buena, no es óptima
y por tanto, manifiestamente mejorable. Tampoco se debe olvidar
en este día señalado, la importante labor de
concienciación que pueden hacer todos los trasplantados
y sus familiares, muestra evidente de la solidaridad recibida.
Su testimonio puede facilitar una buena percepción
social de la donación.
La donación de órganos tiene que llegar a ser
considerada una decisión de alta valoración
moral y creciente reconocimiento social. Debe ser mirada tanto
por los familiares del donante como por la sociedad en general,
como un acto tremendamente útil, que cierra el ciclo
de una vida pero que al mismo tiempo es fuente de vida. Por
ello espera el firme compromiso de todos si queremos incrementar
los logros alcanzados en tratamientos con trasplantes.
Fuente: Dr. Miguel Ángel de Frutos Sanz. Coordinador
de Trasplantes de Málaga.
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