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Crónica de una donación
Acaban de dar las siete de la tarde cuando suena el móvil
del Coordinador de Trasplantes. Desde la Unidad de Cuidados
Intensivos del Hospital Carlos Haya informan que un varón
ingresado hace dos días por hemorragia cerebral y daño
cerebral severo, no tiene respuesta neurológica. Tras
solicitar las pruebas de actividad cerebral, neurólogo
/ neurocirujano confirman el diagnóstico de muerte
encefálica, proceden a firmar el certificado de defunción
e informar a la familia.
El coordinador de trasplantes (CT) mira el reloj y son las
nueve y media. Reúne a la familia del fallecido para
explicarles la triste realidad y ofrecerles la opción
de la donación. La entrevista es corta; apenas dura
veinte minutos. El fallecido de 64 años, había
hablado en alguna ocasión con su mujer y dos de sus
hijos mayores sobre donación y trasplantes. Tenía
una buena opinión y les había dicho que, a su
muerte, desearía donar cualquier órgano que
pudiera ser útil para otras personas y luego le incineraran.
Media hora más tarde solicitamos a un médico
y a una enfermera de inmunología que realicen una serie
de análisis para asegurar que el donante no padece
ninguna enfermedad contagiosa.
A las once se contacta con la Organización Nacional
de Trasplantes por si existiera algún receptor en “código
cero” . Es decir, alguien en cualquier punto de España
que necesite con extrema urgencia un trasplante, ya que ese
receptor sería prioritario. Contestan que no. Eso significa
que podremos trasplantar en nuestro hospital hígado
y riñones.
El CT organiza la extracción y cita en el quirófano
a las doce a cirujanos, enfermeros y otros profesionales que
durante cuatro horas participarán en la delicada donación.
Son poco más de las cuatro y tanto el hígado
como los riñones son válidos y se introducen
en tres recipientes estériles y refrigerados, listos
para su posterior implante. La extracción ha finalizado
y se despide a la familia que se traslada con su padre y marido
al tanatorio.
Un poco antes, hacia las tres se había recibido el
tipaje del donante. Con ese análisis se puede comenzar
a buscar los receptores renales. Un programa informático
seleccionará los más idóneos aplicando
criterios de máximo beneficio y justicia, de tal forma
que, a igualdad de identidades donante-receptor, cada riñón
se trasplantará a los que lleven esperando más
tiempo.
La llamada por teléfono al receptor es un momento mágico.
Estaba dormido pero podemos comprobar como cambia su tono
de voz y, antes de colgar, ya se está vistiendo para
llegar sin demora al hospital. Es su día de suerte.
Ansiaba que recibiría esa llamada, que parecía
no llegar. Ya más tranquilos y en el hospital, uno
de los receptores de riñón nos comenta que lleva
cinco años en diálisis y casi había perdido
las esperanzas del trasplante. Dice que esta es la mejor lotería
y aunque con miedo, está convencido de que todo va
a salir bien. Familiares y enfermeras le animan y felicitan.
Desde el Banco de Sangre confirman que hay disponibilidad
suficiente de bolsas de sangre. Como los demás receptores
vienen de camino, ya solo queda que cada unidad de trasplante
y anestesistas fijen la hora de los trasplantes. A las seis
de la mañana se trasplantará el hígado,
órgano más vulnerable y más tarde los
riñones.
Casi finaliza la tarde cuando acaba el último de los
tres trasplantes. Han sido veinticuatro horas de prisas y
tensión. Hemos conocido el dolor de una familia donante
y la alegría de los trasplantados. Muchos profesionales
del hospital han participado en cada uno de los momentos clave
de la donación y de los trasplantes. Todos quedan cansados
pero eufóricos, porque los resultados han sido excelentes.
Y ahora a casa, a apaciguar la adrenalina que nos ha mantenido
en vigilia durante tantas horas. Gracias a ti donante, sin
aquella decisión nada de esto hubiera sucedido.
Fuente: Dr. Miguel Ángel de Frutos Sanz. Coordinador
de Trasplantes de Málaga.
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