|
Sobresaliente en solidaridad
Los trasplantes de órganos son tratamientos de actualidad.
Especialistas médicos y quirúrgicos tienen que
recurrir a este tipo de procedimientos cuando enfermedades
en órganos vitales no responden a otros tratamientos
médicos. Cada año se hacen más trasplantes
que el precedente, pero aún así se precisan
muchos más. El número de trasplantes ha ido
creciendo por el incremento de las donaciones y también
porque los resultados de los trasplantes van evolucionando
de forma muy favorable.
Cuando desde fuera de nuestras fronteras se estudia el modelo
español de donación y trasplante de órganos,
profesionales, políticos y administradores sanitarios
se sorprenden del crecimiento español en este campo
de la salud, que resulta tremendamente llamativo, máxime
cuando en otras parcelas de la medicina es con frecuencia
más modesto. Y nombramos la palabra solidaridad, una
de las claves del éxito, comunión de intereses
entre sanidad y sociedad, como el argumento más importante.
Pero además, es organización e interés
de los profesionales sanitarios que colaboran con los trasplantes.
Si el público dona órganos es porque tiene plena
confianza en las actividades de los profesionales sanitarios
y piensa que el fin, el destino de los órganos donados
es el óptimo. Sólo van a donar familias que
reconocen que el sistema sanitario les ha facilitado medios
y profesionales competentes para solucionar su problema. Caso
contrario, negaran la donación, callando o denunciando
inconvenientes o malpraxis del sistema sanitario o de sus
profesionales.
Por eso cuando pedimos dentro de los hospitales un trato profesional
que incluya lógicamente juicios clínicos certeros,
humanidad y celeridad en el tratamiento a todos los enfermos,
estamos colocando bases sólidas para alcanzar esa confianza,
que llegado el caso, va a facilitar el entendimiento con una
familia que se está planteando la donación de
órganos o tejidos con fines de trasplante.
Cuando expertos fuera de España, sugieren cambios legislativos
continuados para aumentar las donaciones (consentimiento expreso
o consentimiento presunto, registros de donantes o de no-donantes,
ofertas económicas para los donantes en vida o para
las familias tras la donación), están buscando
vías alternativas a la solidaridad, pero que son vías
muertas. Sin salida. Son ayatolás de la donación,
extremistas, voceros, con mensajes poco reflexivos, que si
bien cautivan la primera vez que se les escucha, aburren cuando
se leen con detenimiento. Además en un mismo país
no pueden coexistir sistemas que propicien la donación
por solidaridad y donaciones por otras motivaciones. La confusión
sería tan mayúscula que la donación por
motivos solidarios tendería a desaparecer.
No hay alternativas para conseguir aumentar el número
de donantes que potenciar la información a la sociedad
sobre trasplantes, pedir su participación y agradecer
su colaboración en la donación.
Nuestra sociedad resalta, reconoce y premia, hechos notables
obtenidos sin duda gracias al esfuerzo, tesón y dedicación
de los propios actores pero que en la mayoría de las
ocasiones tienen un beneficio poco concreto para los demás
mortales. Así, destacamos algunos días de la
semana los mejores goles, algunos meses, grandes premios literarios
y algunos años, innegables éxitos en las olimpiadas.
Sin embargo, quienes tratamos día a día con
donantes de órganos de los que sus familias nos trasmiten
que en vida decidieron con firmeza ser donantes, encontramos
a personas maravillosas y a familias que tienen unos valores
y unos méritos suficientemente sobrados como para que
sean destacados y reconocidos por la sociedad. Son solidarios
en grado de excelencia que facilitan con su decisión
la continuidad de la vida.
Un aspecto a destacar del sistema español que regula
las donaciones y los trasplantes es el anonimato. Nuestra
legislación es clara y contundente: no se puede comunicar
la identidad del donante a los receptores ni la de los receptores
a la familia del donante. Parece injusto que los receptores
no puedan conocer a esa familia extraordinaria que gracia
a la solidaridad de la donación mostrada en su dia
les permite mantener salud y felicidad. Muchos receptores
nos preguntan datos del donante. Quieren agradecer ese maravilloso
gesto que les permite vivir de forma tan diferente. A veces
nos traen fotos o escritos que desde la coordinación
hacemos llegar de forma anónima a la familia donante.
Ese es uno de los motivos que nos animan a realizar en Málaga
el monumento al donante anónimo de órganos.
Persona desconocida pero sentida como cercana para los profesionales
sanitarios y para los receptores de trasplantes a quien queremos
testimoniar máximo afecto de forma solemne. Somos conscientes
de la gratitud del receptor trasplantado y que si pudiera,
la manifestaría de forma enternecedora a la familia
de su donante que con la donación y el trasplante le
permite seguir viviendo. Por eso, si no se puede conocer y
agradecer cada donación en particular, hay que establecer
fórmulas que hagan posible el agradecimiento global
a los donantes.
Defendemos esta confidencialidad para evitar hipotéticos
conflictos: familia donante cuyo hijo fallece atropellado
por un conductor ebrio; si el receptor del trasplante fuera
un enfermo que hubiera perdido su hígado propio por
afición exagerada a la bebida y llegaran a conocerse,
el choque de esa noticia para esa familia donante sería
ciertamente doloroso. Incluso podrían dudar de la decisión
de donación y la cara del receptor trasplantado se
les confundiría con la del conductor homicida.
Por ello, es preciso mantener estos principios de anonimato
y confidencialidad. El sistema lo necesita y las alternativas
no aportan ventajas a la situación actual.
Las entrevistas que realizamos en el hospital a familias para
preguntarles acerca de la donación son momentos de
gran sentimiento. Algunas familias pueden haber perdido a
un hijo, en condiciones imprevistas. Injustas. Que tan solo
unas horas antes era un joven adolescente lleno de vitalidad
con proyectos y que todo se desmorona de golpe en un hospital
tras esa tremenda noticia. Pasados los primeros momentos,
cuando lo natural es que predomine negación e incredulidad
por la situación que les está tocando vivir,
son capaces de sobreponerse a su dolor y atender preguntas
relacionadas con la donación. Son capaces de olvidarse
de su dolor y pensar por unos momentos en el sufrimiento de
otras personas, a veces jóvenes como ellos, posiblemente
también padres, que están llevando en silencio
la cruz de una enfermedad crónica, latosa, con altibajos
en la moral por los pronósticos cambiantes y a quienes
se les ofrece la oportunidad de ayudar con la donación.
Son momentos difíciles porque son contradictorios y
antinaturales. Porque la norma es que los hijos entierren
a los padres y no que los padres entierren a sus hijos. Pero
no hay alternativa. No tenemos otro momento ni otro escenario.
En cualquier caso, la donación de órganos debe
seguir siendo una decisión voluntaria. Nunca pretenderemos
que la donación pueda contemplarse como algo obligatorio,
más o menos forzada. Antes al contrario, debe ser una
decisión libre y reflexiva tomada por el donante en
vida y de acuerdo con los sentimientos de los familiares sobrevivientes.
La tragedia vivida no se les olvidará nunca, pero el
recuerdo de la donación les ayudará en cierto
modo, a superar el duelo. Aunque el talante de ser donante
y solidario trasmite felicidad, no deseamos que todos sean
donantes por decreto. Basta recordar aquel antiguo proverbio:
no se puede obligar a nadie a ser feliz a la fuerza.
Fuente: Dr. Miguel Ángel de Frutos Sanz. Coordinador
de Trasplantes de Málaga.
Esta sección es provista por Portales y profesionales
altamente especializados. Para colaborar enviando su trabajo
solo tiene que rellenar este
formulario y nosotros nos pondremos en contacto con usted. |