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Engranaje de solidaridad

Celebramos los primeros mil trasplantes de riñón realizados en el Hospital Regional Carlos Haya. Es una buena noticia para todos y en especial para quienes muestran preocupación por la salud y los avances de la medicina actual. Así, es oportuno destacar una vez más el éxito, tanto en número como en resultados, del tratamiento con trasplantes en nuestros hospitales. Y éste no es un acontecimiento aislado. De forma continuada se baten marcas que a principio de cada año nos parecen imposibles y nuestro Hospital Carlos Haya ha superado también el centenario en trasplantes de hígado, implantes de córnea y aloinjertos de médula ósea. Todo ello gracias a que los donantes efectivos de órganos pasan del medio millar.


A los profesionales sanitarios nos satisface muchísimo poder atender las crecientes necesidades de tratamientos con trasplantes con menores tiempos de espera. Y esta realidad es posible en función de la confianza que nos otorgan dos de los principales protagonistas del trasplante: donantes y receptores.


Gracias a la colaboración de todos los profesionales sanitarios que participan en los programas de trasplantes, estamos en niveles superiores a otros países europeos o norteamericanos que realizan poco más de la mitad de trasplantes (por millón de población) porque su número de donantes es notablemente inferior al de nuestra Comunidad.


No existen apenas límites para ser donante. Superada la barrera de la edad, sólo algunas enfermedades contagiosas impiden el trasplante y, llegado el momento de la donación, se realizan exhaustivos estudios de los órganos y tejidos susceptibles de donación. Sólo se trasplantan aquellos con garantía de funcionalidad.


Pero, ¿cómo explicar el importante número de trasplantes de órganos en el momento actual?. Es difícil explicarlo con un único argumento. Con seguridad que influyen muchos factores. Uno es resultado directo del número de donantes. Sin embargo, aunque la mayoría de la población tenga firmemente decidido el deseo de donar: acabar nuestros días y ser donante de órganos es ciertamente difícil. Es preciso que el fallecimiento se produzca en una Unidad de Cuidados Intensivos de un hospital y a consecuencia de un proceso que desencadene un deterioro completo e irreversible de todo el cerebro. Tan solo el 5% de los fallecimientos ocurren en estas circunstancias. Por eso, aunque toda la población fuera realmente donante, sólo se podrían utilizar para trasplante los órganos de una selecta minoría. Otros factores están directamente relacionados con el entusiasmo y la profesionalidad de todos los trabajadores del hospital, quienes, dentro de la responsabilidad de cada uno, aplican sus conocimientos y sus actitudes para poder realizar con éxito las complejas y delicadas operaciones de trasplante.


Estamos en el buen camino. La población de nuestro entorno es solidaria con un creciente nivel de concienciación que facilita la donación de órganos y tejidos para trasplante. En el fondo de esta situación tan favorable tenemos que reconocer que disfrutamos de un elevado grado de confianza. La sanidad pública española tiene una categoría notable y, en el caso de los trasplantes, facilita este sofisticado tratamiento a todos los que lo precisan sin distinciones basadas en razones subjetivas. Y ese buen ambiente facilita, a su vez, la decisión de la población que asume ese compromiso de solidaridad materializado con la donación. El mejor regalo.


Los profesionales sanitarios que actualmente trabajamos en España en tratamientos con trasplantes, estamos de enhorabuena porque tenemos un buen nivel de donación que es el elemento indispensable para ver con carácter inmediato la rehabilitación y calidad de vida que alcanzan los trasplantados. Aquellos enfermos cuya vida dependía de un hilo, de un gesto, de un órgano sano, salen del hospital con una cara nueva reflejo de la felicidad del que deja atrás temores y, a veces, desesperanza.


Preguntaba no hace mucho a un grupo de trasplantados qué pensaban ahora de la donación de órganos. Y al unísono, todos coincidían que entregarían cualquier parte útil de su cuerpo cuando su vida se acabe. Y lo veían tan natural que fruncían el ceño si me atrevía a comentar la sospecha de algún indicio de egoísmo o desinterés. Y de verdad que lo hacen. Tenemos varios ejemplos de trasplantados que cuando fallecieron en el hospital fueron donantes y dieron la vida a otros.


El progreso en medicina es cada día más evidente. En el campo de los trasplantes la sociedad asume de forma clara estos avances y se involucra en estos nuevos tratamientos aceptando la donación de órganos. En este mutuo compromiso entre la sociedad y los profesionales sanitarios, declaramos firmeza en el respeto a los principios éticos y de moralidad en todas nuestras actuaciones que busquen el equilibrio de la justicia y el beneficio terapéutico dentro de la dignidad y la libertad de las personas. Estos son valores irrenunciables en nuestras relaciones con la donación y los trasplantes.


La donación es el primer engranaje de la cadena solidaria de los trasplantes. Solidaridad altruista y anónima que permite que la vida de otros siga cuando la nuestra se acaba; que facilita el reciclaje de órganos y tejidos vitales e imposibles de obtener por otras vías; que permite a muchas familias sobreponerse por un momento al propio duelo para evitar otros lutos.


La trascendencia de la donación y de los trasplantes es universal. Todos, absolutamente todos, podemos vernos en algún momento de nuestras vidas como posibles receptores de un trasplante y esta posibilidad teórica debería animar a que aceptemos del mismo modo la donación como una característica de honradez ante la reciprocidad del gesto solidario.


Además, los trasplantes son tratamientos que saltan la barrera de los convencionalismos sociales y facilitan la concordia en un mundo sin fronteras: donantes católicos ceden órganos para trasplantar a enfermos musulmanes, corazones de donantes de raza negra laten en trasplantados blancos, pulmones de políticos de derechas vuelven a respirar en receptores de otras opiniones políticas. Se muestra así, de forma contundente, el engranaje solidario de la donación y que muchas diferencias entre las personas son insignificantes comparadas con las características que nos unen.


Si quieres seguir participando en el éxito de los trasplantes intégrate ahora en la corriente de la donación. Es de sentido común.

 

Fuente: Dr. Miguel Ángel de Frutos Sanz. Coordinador de Trasplantes de Málaga.

 

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