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La otra cara de los trasplantes
Resulta fácil hablar de los enfermos trasplantados
que recuperan salud y normalizan su vida después de
recibir un órgano vital que les hace olvidar, tanto
a ellos como a sus familias, los rigores de la enfermedad
y por lo tanto la pérdida de salud (uno de los bienes
más preciados y elemento fundamental de la felicidad).
Los trasplantados son el éxito. La cara amable y sonriente
de los trasplantes. Es de lo que más nos gusta hablar
a los sanitarios y a los medios de comunicación. Titulares
como: “Carlos Haya realiza 99 trasplantes de riñón”.
“Los trasplantes alcanzan el 90 % de supervivencia al
cabo del primer año” . Son ejemplos de mensajes
positivos que animan a la población a apoyar estos
éxitos de la moderna medicina de los trasplantes que,
sólo en España, consiguen que más de
tres mil personas cada año puedan continuar con una
vida saludable y activa.
Sin embargo, hablar de trasplantes obliga también hablar
de donantes. Sin ellos no sería posible realizar estas
complejas operaciones. Y detrás de cada donante hay
siempre una tragedia. Una historia bella que acaba fatal.
Bien sea por accidente o por enfermedad, el caso es que todos
los donantes de órganos terminan su vida de forma brusca
y violenta. Y en ese contexto innatural, si quieren Vds. incluso
inhumano, tenemos que plantear la opción de donación
a las familias de los donantes. Accidentes laborales o de
tráfico; hemorragias cerebrales y ahogamientos son
las circunstancias comunes a la mayoría de los donantes
de órganos aquí en Málaga, como en España
o en el resto del mundo.
A los coordinadores de trasplantes aún habituados -en
teoría-, a tratar con estas tragedias, en ocasiones
desbordan también nuestros sentimientos, porque nos
ponemos en su lugar; con esos padres que han perdido un hijo
con una edad parecida a los nuestros; hijos que han perdido
a un padre con una edad próxima a la de nuestros padres;
cónyuges o hermanos en idéntica situación.
Y aunque el tiempo que en general se dispone para formalizar
la donación y comenzar la extracción es limitado,
nos sentimos unidos a esas familias rotas por el dolor y que
están bloqueadas por que la muerte se ha cruzado en
su destino. Están pasando por una experiencia que les
parece insuperable, nos dicen que la vida también ha
acabado para ellos. Nos hablan de cómo era el fallecido,
de sus estudios, de sus progresos, de sus cariños.
Y la mayoría de las veces no tenemos palabras de consuelo
o si balbuceamos algo, sospechamos que debe de ser de poca
ayuda porque apenas apartan la vista del suelo ni encontramos
rasgos de alivio en sus tristes expresiones.
Pues bien, en esos escenarios hay que plantear la donación.
No hay otro momento ni segundas oportunidades. Por ello es
importante tener claridad de ideas y de decisiones en frío,
dar a conocer a las familias nuestra decisión, nuestra
opinión y parecer sobre la donación y los trasplantes.
Aunque solo sea por facilitarles parte del trago tan gordo
en esos momentos y para que ellos recordando ese testimonio
favorable a la donación puedan decidir con seguridad
, con orgullo y con serenidad acerca de la donación
de órganos.
Ese trato con las familias de donantes nos llevó a
la decisión de levantar en Málaga el Monumento
a los Donantes, verdaderos héroes del trasplante. Soldados
desconocidos para batallar contra las enfermedades violentas
sin solución alternativa.
Por eso hoy no vamos a hablar de los trasplantados y solo
tendremos recuerdos para ensalzar la memoria de los donantes
y para confortar a las familias que con la donación
de sus órganos facilitaron la continuidad de la vida
cuando el destino truncó su trayectoria vital.
En la inauguración del monumento y que se invitaron
a unas trescientas familias donantes pudimos comprobar la
gran asistencia de muchas caras conocidas. En algunos casos
de donantes recientes pero en otros de incluso diez años
atrás. Lamentábamos no recordar los nombres
en la mayoría de los donantes aunque con la ayuda de
muchos rehacíamos los recuerdos y sentimientos. Lo
que más nos sorprendían eran esas madres que
expresaban su pena por la muerte de su hijo como el primer
día y es que desgraciadamente la muerte de un hijo
nunca se olvida. Los psicólogos lo comentan más
técnicamente: el duelo por la pérdida de un
hijo es el dolor máximo, desgarrador e insuperable.
Y encima esas muertes sin una enfermedad previa que durante
meses o años te hubieran puesto en situación,
que incluso por un cáncer o alguna malformación
congénita le hubieras visto sufrir en vida, percibido
el guiño de la muerte y hubieras incluso deseado que
acabara su tormento. Pero en los casos de los donantes la
mayoría son siempre gente sana, en activo, en sus mejores
momentos de su proyecto vital.
Por ello hoy cerramos los actos del Monumento a los Donantes
que abrimos hace casi tres años. Por entonces no sabíamos
si seríamos capaces de ver en Málaga una escultura
singular como la que actualmente se yergue en la plaza de
la Solidaridad de Málaga y que tan bello recuerdo nos
trae a todos los que creímos que era un proyecto alcanzable.
El monumento, fiel a su etimología, deberá cumplir
las funciones de advertir y alertar ante el público
que la donación de órganos tiene que calar en
la sociedad como una actitud positiva que no debe ser olvidada.
Con este símbolo público de la donación
y de gratitudes queremos que nuestra sociedad alcance niveles
de excelencia en solidaridad y en conciencia social hacia
la donación de órganos a la espera que una optima
educación en valores permita a nuestra juventud, a
nuestros sucesores, mejorar el legado que ya está creciendo
y facilitando ahora el acceso a los trasplantes antes y en
mejores condiciones para todos los que lo necesitan.
Anímate tu también y únete a la legión
de donantes de órganos. Si nos ayudas con tu favorable
decisión, estarás participando en la construcción
de la más bonita red de solidaridad.
Fuente: Dr. Miguel Ángel de Frutos Sanz. Coordinador
de Trasplantes de Málaga.
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