La Gripe
¿Que es la Gripe?
La gripe es una enfermedad infecciosa aguda de las vías
respiratorias causada por un virus. Entre sus características
más importantes está su elevada capacidad de transmisión
de una persona a otra. Se presenta generalmente en invierno
y de una forma epidémica, es decir, que cada año nos enfrentamos
a una temporada en la que puede producirse una gran actividad
y circulación del virus de la gripe (predominantemente en
los meses de noviembre a marzo).
La gripe es un importante problema de salud, tanto por
la mortalidad que puede provocar directa o indirectamente,
como por las complicaciones que puede ocasionar y los costes
económicos y sociales que origina. La proporción de población
afectada durante las epidemias anuales oscila entre el 5
y 15% en poblaciones grandes, y es superior al 50% en grupos
de población cerrados como internados escolares o asilos.
El virus causante de la gripe tiene una elevada capacidad
de sufrir variaciones en sus antígenos de superficie (proteínas
que tienen especial relevancia en la capacidad de infección
del virus y frente a las que los seres humanos producimos
anticuerpos que nos protegen). Estas variaciones implican
la aparición de nuevos virus gripales, frente a los que
el ser humano no tiene protección. Actualmente existen vacunas
antigripales con una alta efectividad y seguridad para controlar
la gripe, pero debido a esta alta capacidad de los virus
gripales de variar año tras año la vacuna debe actualizarse
cada nueva temporada y administrarse anualmente.
Los virus de la gripe pertenecen a la familia de los Orthomyxoviridae.
Existen tres tipos de virus gripales: A, B y C. Los más
importantes son los tipos A y B, ya que el C no produce
epidemias y sólo provoca infecciones sin síntomas o con
cuadros clínicos poco trascendentes y en casos aislados.
El virus A es el principal causante de las epidemias que
se producen cada año y mientras que el virus gripal B se
presenta generalmente en brotes más localizados.
Los virus tipo A se dividen en subtipos basándose en dos
proteínas (antigenos principales) de la superficie del virus.
Estas proteínas se denominan hemaglutinina (H) y neuraminidasa
(N) y forman las espículas que se insertan en la envoltura
del virus. Los virus gripales B y C, sin embargo, presentan
menos rango de variación y no reciben denominaciones de
subtipo. Los subtipos más frecuentes de virus A que actualmente
están en circulación entre humanos y son anualmente incluidos
en la vacuna antigripal son A (H1N1) y A (H3N2). Además
de estas, en la vacuna se incluye también una cepa de virus
B.
Variaciones en el virus de la gripe. Consecuencias
La capacidad de los virus de la gripe para producir epidemias
deriva de su facilidad para sufrir variaciones en las proteínas
H y N. Estas variaciones pueden ser de dos tipos:
Deriva antigénica: Son variaciones menores que se
producen por la acumulación de mutaciones puntuales en los
genes que codifican las proteínas H y N. Afectan a los virus
gripales A y B, siendo la causa de la deriva antigénica
y la razón principal de que las personas puedan enfermar
de gripe más de una vez en la vida ya que los anticuerpos
generados en una infección previa no son totalmente eficaces
para dar protección ante una nueva infección por un virus
que ha sufrido estas desviaciones. En el mismo sentido,
la consecuencia de estas variaciones es que la vacuna antigripal
debe ser modificada anualmente adaptándola a las cepas que
se cree circularán en cada temporada.
Cambios antigénicos: Se definen como la aparición
entre la población humana de un nuevo virus gripal que presenta
una o unas nuevas proteínas H y N totalmente distintas de
las que han presentado los virus que han estado circulando
los años anteriores. En determinadas circunstancias puede
producirse un intercambio genético entre los virus humanos
y animales, que puede hacer que estos virus nuevos para
el hombre sean capaces además de transmitirse de una persona
a otra. Estas situaciones pueden dar lugar a las denominadas
pandemias, que se caracterizan por afectar a población de
todo el mundo.
A lo largo del siglo XX se han producido tres grandes pandemias
gripales, todas ellas causadas por virus gripales del tipo
A, correspondiéndose con la aparición de los subtipos H1N1
(1918, gripe española), H2N2 (1957, gripe asiática) y H3N2
(1968, gripe de Hong Kong). Las características comunes
de las principales pandemias gripales descritas son:
- Emergencia o aparición de un virus gripal tipo A "nuevo
o diferente", en los antígenos hemaglutinina y/o neuraminidasa,
a las cepas humanas previamente circulantes.
- Existencia de una elevada proporción de la población
mundial desprotegida, es decir sin inmunidad previa porque
nunca ha sufrido la enfermedad por esa cepa de virus de
la gripe.
- Elevada capacidad de la cepa emergente para trasmitirse
persona a persona y para producir enfermedad clínica.
Actualmente no es posible saber cuándo se producirá la
próxima pandemia, dónde se originará y cual será el subtipo
que la ocasione, lo que imposibilita disponer de vacunas
anticipadamente e incide en la necesidad de disponer de
sistemas de vigilancia de la gripe que permitan una rápida
detección e intervención.
Actuaciones puestas en marcha ante la posible aparición
de una nueva mutación en el virus y la posibilidad de que
ésta produzca una pandemia
Siguiendo las directrices de la Organización Mundial de
la Salud, España y la mayoría de los países de nuestro entorno,
han desarrollado planes nacionales de actuación ante una
posible pandemia de gripe, y desde la Unión Europea se ha
elaborado un Plan Comunitario con el fin de coordinar las
actuaciones entre países. El Ministerio de Sanidad y Consumo
ha participado en la elaboración de este Plan Comunitario
y forma parte del Comité y de los grupos de trabajo que
están realizando el seguimiento de dicho Plan.
La Organización Mundial de la Salud ha emitido recomendaciones
a todos los países en las que establece las directrices
para hacer frente a una posible pandemia de gripe. Así,
en su Plan de Preparación para la Pandemia de Gripe, la
Organización Mundial de la Salud recomienda que todos los
países establezcan y dispongan de un Comité Ejecutivo Nacional
para la preparación y ejecución del Plan de Actuación.
En España ya se ha constituido este Comité, el "Comité
Ejecutivo Nacional para la prevención, el control y el seguimiento
de la evolución epidemiológica del virus de la gripe" ( Real decreto 1131/2003 de 6 de septiembre). Es un
Comité formado por responsables de todos los Ministerios
implicados y presidido por la Ministra de Sanidad y Consumo.
Este Comité está desarrollando el seguimiento del plan de
actuación ante una posible pandemia de gripe y llevará a
cabo las acciones que se consideren necesarias en cada momento.
Es imprescindible que sea un comité de carácter multisectorial
ya que las medidas que habrá que implantar si se llega a
dar una pandemia de gripe son de muy diversos tipos y es
fundamental la actuación coordinada de todos los Ministerios
implicados.
Se puede obtener amplia información sobre el brote de gripe aviar que se está dando en Sudeste asiático,
sus consecuencias y las medidas adoptadas, consultando la
página que el Ministerio de Sanidad y Consumo actualiza
permanentemente sobre este tema, y que incluye recomendaciones
a los viajeros que se dirigen a zonas afectadas.
La fuente de la infección está constituida por las personas
enfermas. La transmisión se produce fundamentalmente por
vía aérea mediante gotitas que son originadas al hablar,
toser o estornudar por la persona enferma y que alcanzan
a una persona sin gripe pero capaz de padecerla. El virus
entra en la nariz, garganta o pulmones de una persona y
comienza a multiplicarse causando los síntomas de la gripe.
También puede transmitirse, con mucha menos frecuencia,
por contacto directo, por ejemplo cuando una persona toca
una superficie que contiene virus de la gripe -por ejemplo
la mano de un enfermo- y posteriormente se toca su nariz
ó su boca.
Las personas enfermas son capaces de transmitir la enfermedad
desde un día antes del comienzo de los síntomas hasta unos
3 a 7 días después del comienzo de la enfermedad. Los niños
pueden transmitir la gripe incluso durante más de 7 días
tras el comienzo de los síntomas.
Los síntomas de la enfermedad comienzan de 1 a 4 días después
de que el virus entra en el organismo. Algunas personas
son infectadas por el virus de la gripe pero no desarrollan
síntomas de la enfermedad, sin embargo estas personas sí
que pueden transmitir la enfermedad a otros.
La fuente de la gripe en las infecciones humanas es fundamentalmente
el hombre; sin embargo los virus gripales infectan frecuentemente
a animales como aves, caballos ó cerdos que pueden ser fuente
de nuevos subtipos para el hombre. Esta capacidad demostrada
de los virus gripales de los animales de saltar la barrera
interespecie y afectar a los seres humanos hace que la gripe
no pueda ser considerada como una enfermedad erradicable.
La infección causada por los virus gripales ocasiona una
alteración de la mucosa respiratoria. La gripe es diferente
de los catarros, la alteración es mucho más severa que la
provocada por virus catarrales. A las pocas horas de la
infección el tracto respiratorio está inflamado y congestivo.
El cuadro clínico inicial típico suele comenzar
de forma brusca con fiebre y escalofríos, acompañados de
dolor de cabeza, congestión nasal, molestias de garganta,
malestar general, dolores musculares, pérdida de apetito
y tos seca.
La fiebre y los dolores musculares suelen durar de 3 a
5 días y la congestión y la falta de energía puede durar
hasta 2 semanas.
Algunos síntomas de la gripe son comunes a todas las edades,
sin embargo otros son más específicos de determinados grupos
de edad. Por ejemplo, en ancianos es frecuente la
aparición de dificultad respiratoria o la producción de
esputo, mientras que en niños son síntomas frecuentes
la otitis media o las molestias abdominales. Estas molestias
abdominales como nauseas, vómitos o diarreas son sin embargo
muy poco frecuentes en adultos. Los pacientes con alteraciones
del sistema inmunitario no presentan unas manifestaciones
clínicas de la gripe significativamente distintas de los
sujetos sanos. Sí se ha demostrado que en este grupo la
enfermedad puede tener una mayor duración y que el virus
puede persistir replicándose durante semanas o meses.
La mayoría de las personas se recuperan en una o dos semanas,
pero en algunos casos pueden desarrollarse complicaciones.
La gripe puede revestir más gravedad en personas mayores,
sobre todo a partir de los 65 años y en personas que padecen
enfermedades crónicas. Las complicaciones de la gripe
son predominantemente respiratorias: neumonías, bronquitis,
sinusitis u otitis. Puede haber también deshidratación y
empeoramiento de enfermedades crónicas preexistentes como
diabetes, asma o problemas cardiacos. La gripe puede ocasionar
reagudización de su patología en pacientes con Enfermedad
Pulmonar Obstructiva Crónica (EPOC) o fibrosis quística
y también provocar la exacerbación aguda de su enfermedad
en asmáticos. Complicaciones neurológicas muy raras de la
gripe incluyen el síndrome de Reye y el síndrome de Guillain-Barré.
Como se describe en el apartado de vacunación, en todas
estas personas con enfermedades crónicas preexistentes y
en los mayores de 65 años se recomienda especialmente la
vacunación antigripal.
El diagnostico de la gripe suele ser clínico, al detectarse
un caso con signos y síntomas compatibles con gripe dentro
de un contexto adecuado (temporada gripal, casos de gripe
cercanos al paciente…).
La gripe, sin embargo, puede ser difícil de diferenciar
de otro tipo de infecciones respiratorias si nos basamos
sólo en los síntomas clínicos, ya que los síntomas iniciales
pueden ser similares a los que producen otros virus u organismos
que afectan a las vías respiratorias.
Hay algunas pruebas de laboratorio que pueden ayudar al
diagnóstico de gripe, aunque este tipo de confirmación no
es necesario realizarlo a todos los pacientes con sospecha
de gripe si se está dentro de la temporada gripal.
El diagnóstico de laboratorio se realiza mediante
alguna de las siguientes técnicas: aislamiento viral, detección
de proteínas virales, detección de ácido nucleico y cuantificación
de anticuerpos en sangre. Las tres primeras técnicas se
realizan sobre secreciones respiratorias tomada mediante
frotis nasal o faríngeo, y para la cuarta es preciso extraer
sangre en los momentos agudo y convaleciente de la enfermedad.
Recientemente se han puesto en funcionamiento pruebas de
diagnóstico rápido, que pueden detectar el virus de la gripe
en un periodo de unos 30 minutos a pocas horas, si bien
su alto coste y características técnicas hacen muy difícil
su utilización.
Para todas estas pruebas han de tomarse muestras apropiadas.
Las secreciones respiratorias deben ser recogidas en los
primeros 4 días de la infección. Esto es debido a que los
virus pueden encontrarse en el lavado nasofaríngeo dentro
de las primeras 24 horas tras la exposición a la fuente
de la infección y su concentración suele aumentar hasta
alcanzar un máximo entre las 24 y 72 horas tras la exposición
y volver a niveles bajos alrededor del quinto día.
El tratamiento de la gripe suele ir enfocado a tratar los
síntomas que la enfermedad produce. Sin embargo actualmente
existen cuatro antivirales frente a los virus gripales (amantadina,
rimantadina, zanamivir y oseltamivir) aunque su utilización
es muy limitada.
Consejos en caso de padecer gripe:
- Descansar
- Beber abundantes líquidos
- Evitar el consumo de alcohol o tabaco
- Tomar medicación que mejore los síntomas de la gripe
(como medicamentos para bajar la fiebre…)
- La gripe está causada por un virus, así que los antibióticos
no mejoran los síntomas no aceleran la curación.
- No dar aspirina a niños ni adolescentes (podría provocar
un síndrome raro pero grave que se denomina Síndrome de
Reye)
Antivirales:
Los fármacos antivirales si se dan en los primeros días
tras el inicio de los síntomas pueden reducir la duración
de la enfermedad. Estos medicamentos deben ser recetados
por un médico ya que pueden tener efectos adversos importantes.
Hay que tener en cuenta que estos fármacos no son efectivos
para tratar infecciones bacterianas ni otros virus que pueden
darse como complicaciones de la gripe.
Hay dos grupos de fármacos antivirales:
Amantadina y rimantadina actúan contra la proteína
M2 sólo de los virus gripales A y son eficaces si se dan
en primeras 48 horas. Sin embargo tienen importantes efectos
secundarios (5-10%) tales como: nerviosismo, ansiedad, insomnio
y trastornos gastrointestinales y además pueden desarrollar
rápidamente resistencia intrínseca y cruzada, con lo que
el tratamiento ya no sería efectivo. Por todas estas razones,
estos fármacos son muy poco utilizados.
Los nuevos inhibidores de la neuraminidasa (zamamivir
inhalado y oseltamivir oral) actúan frente a los virus gripales
A y B, y han demostrado eficacia si se administran también
en las primeras 48 horas. Zanamivir tiene como efectos secundarios
más frecuentes la reagudización del asma y no se recomienda
en personas con asma o enfermedad pulmonar obstructiva crónica.
Oseltamivir puede provocar sobre todo alteraciones gastrointestinales
como nauseas y vómitos.
De los fármacos antigripales existentes, actualmente en
España están autorizados amantadina y zanamivir y oseltamivir,
aunque este último no se encuentra comercializado en nuestro
país.
Alguno de estos fármacos antivirales pueden ser utilizados
también como prevención, pero en ningún caso el uso de estos
fármacos debe ser un sustituto de la vacunación. Estos medicamentos
están indicados como prevención en algunas situaciones especiales
como en sujetos de alto riesgo que no han podido ser vacunados
o en los que no se produce una respuesta adecuada de anticuerpos
tras la vacunación.
¿Porqué es necesaria la vigilancia de la gripe?
Los principales objetivos de la vigilancia de la gripe
se podrían resumir en los siguientes:
-
Hacer un seguimiento de las cepas del virus que circulan
en cada momento para permitir determinar la composición
de las vacunas.
-
Disponer de datos que permitan estimar la incidencia
de la gripe así como la mortalidad y las complicaciones
que produce, y a partir de esta información tomar las
medidas necesarias para proteger a la población.
-
Tener sistemas que sean capaces de detectar de forma
precoz la aparición de cepas nuevas capaces dar lugar
a la aparición de una pandemia.
-
Permitir diferenciar la gripe de otras epidemias ocasionadas
por otros agentes causantes de enfermedades de vías
respiratorias altas.
¿Cómo se realiza la vigilancia de la gripe?
Hace ya más de 50 años la Organización Mundial de la
Salud instauró un programa internacional de vigilancia
epidemiológica de la gripe; hoy 112 Centros Nacionales
de Gripe distribuidos por 83 países recogen e identifican
cepas gripales. Su misión es aislar y caracterizar los
virus gripales circulantes. Estos virus son luego comparados
entre sí a nivel mundial en cuatro Centros Colaboradores
de Investigación en Gripe (Atlanta, Londres, Melbourne
y Tokyo), a fin de evaluar la importancia de las nuevas
variantes detectadas. En base a estos datos, cada año
la Organización Mundial de la Salud establece la composición
de la vacuna para la siguiente temporada, que incluye
las cepas que con más probabilidad van a circular.
La declaración por parte de los países de estos datos
del virus de la gripe y el acceso a la información generada
se realiza a través de Internet mediante un sistema denominado
Flunet http://rhone.b3e.jussieu.fr/flunet/www/
España participa en este programa con tres Centros Nacionales
de Gripe ofrecidos por nuestro país (Centro Nacional de
Microbiología. Instituto de Salud Carlos III. Ministerio
de Sanidad y Consumo. Madrid; Hospital Clínico de Barcelona;
Facultad de Medicina de Valladolid.)
En España la vigilancia de la gripe se realiza
a través de la Red Nacional de Vigilancia Epidemiológica,
en la que la información es suministrada por las Comunidades
Autónomas mediante el Sistema de Enfermedades de Declaración
Obligatoria. Según este sistema todos los médicos en ejercicio
tienen obligación de declarar determinadas enfermedades,
entre ellas la gripe, a su Comunidad Autónoma, y posteriormente
las Comunidades declaran las enfermedades a nivel central,
al Centro Nacional de Epidemiología del Instituto de Salud
Carlos III que recoge y gestiona toda la información a
nivel nacional.
Además, en España existe un sistema de vigilancia epidemiológica
especial para la gripe mediante redes de médicos centinelas
y laboratorios con capacidad de aislamiento del virus
de la gripe en algunas Comunidades Autónomas que permanecen
activos durante la temporada gripal. Esta red suministra
semanalmente datos de incidencia de la gripe y actualmente
está funcionando en 16 Comunidades Autónomas, cubriendo
aproximadamente un 90% de la población española. Esta
red tiene entre sus objetivos disponer de una forma rápida
de información clínica y virológica que sirva para detectar
precozmente el inicio de la actividad de la enfermedad
e identificar los virus circulantes.
Asimismo a nivel Europeo, en la actualidad, un total
de 29 países incluida España, integran un sistema
de vigilancia denominado EISS (European Influenza Surveillance
Scheme) - http://www.eiss.org/ -, por el cual, durante la
temporada de gripe se dispone de información actualizada.
Datos obtenidos de la vigilancia de la gripe en España
Para obtener información detallada de la vigilancia de
la gripe en España tanto de la temporada actual como de
anteriores temporadas, y consultar los informes que sobre
esta enfermedad se realizan con los datos que se recogen
por el sistema de médicos centinela se puede consultar la
siguiente página del Instituto de Salud Carlos III: http://vgripe.isciii.es/gripe/inicio.do.
La vacunación contra la gripe es el método más eficaz para
prevenir la gripe.
¿Quién debe ser vacunado
contra la gripe?
La vacunación se recomienda fundamentalmente para las personas
con alto riesgo de sufrir complicaciones en caso de padecer
la gripe y para las personas en contacto con estos grupos
de alto riesgo ya que pueden transmitírsela.
Así, los grupos de población en los que se recomienda la
vacunación antigripal, según el protocolo para la vigilancia
de la gripe aprobado por el Consejo Interterritorial del
Sistema Nacional de Salud, son los siguientes:
-
Personas mayores o igual a 65 años de edad. Se
hará especial énfasis en aquellas personas que conviven
en instituciones cerradas.
-
Personas menores de 65 años, que por presentar una
condición clínica especial tienen un alto riesgo de
complicaciones derivadas de la gripe o porque el padecer
la enfermedad pueda provocar una descompensación de
su condición médica:
-
Niños/as (mayores de 6 meses) y adultos con enfermedades
crónicas cardiovasculares o pulmonares, incluyendo:
displasia bronco-pulmonar, fibrosis quística y asma.
-
Niños/as (mayores de 6 meses) y adultos con enfermedades
metabólicas crónicas, incluyendo: diabetes mellitas;
insuficiencia renal; hemoglobinopatías y anemias;
asplenia; enfermedad hepática crónica; enfermedades
neuromusculares graves o inmunosupresión, incluida
la originada por la infección de VIH o por fármacos
o en los receptores de transplantes. En este grupo
se hará un especial énfasis en aquellas personas
que precisen seguimiento médico periódico o que
hayan sido hospitalizadas en el año precedente.
-
Personas que conviven en residencias, instituciones
o en centros que presentan asistencia a enfermos
crónicos de cualquier edad.
-
Niños/as y adolescentes, de 6 meses a 18 años,
que reciben tratamiento prolongado con ácido acetil
salicílico, por la posibilidad de desarrollar un
síndrome de Reye tras la gripe.
-
Mujeres embarazadas, preferiblemente a partir del
segundo trimestre del embarazo. Aunque la vacunación
antigripal es segura en embarazadas, es preferible
administrarla después del primer trimestre del embarazo
para evitar la asociación coincidente con el aborto
espontáneo, que ocurre fundamentalmente en ese trimestre.
-
Personas que pueden transmitir la gripe a aquellas
que tienen un alto riesgo de presentar complicaciones:
-
Profesionales sanitarios y parasanitarios, tanto
de atención primaria como hospitalaria. Se hará
especial énfasis en aquellos profesionales que atienden
a pacientes de algunos de los grupos de alto riesgo
anteriormente descritos.
-
Personas que, por su ocupación, trabajan en instituciones
geriátricas o en centros de cuidados de enfermos
crónicos y que tienen contacto directo con los residentes.
-
Personas que proporcionen cuidados domiciliarios
a pacientes de alto riesgo o ancianos.
-
Personas que conviven en el hogar, incluidos niños/as,
con otras que pertenecen a algunos de los grupos
de alto riesgo, por su condición clínica especial
(citados en el punto 2).
-
Otros grupos en los que se recomienda la vacunación:
-
Personas que, por su ocupación, prestan servicios
comunitarios esenciales: policías, bomberos, personal
de protección civil, etc.
-
Viajeros internacionales: Personas que presentan
mayor riesgo de complicaciones de gripe, por su edad
o por su condición clínica especial, que no fueron
vacunadas durante la temporada gripal, y que se dirigen
a zonas tropicales en cualquier época del año o viajen
al hemisferio sur entre los meses de abril a septiembre.
-
Así mismo, deberán ser vacunadas de gripe todas las
personas que se dirijan a zonas donde existen brotes
de gripe aviar altamente patogénicos y puedan estar
en contacto estrecho con granjas de aves de corral
o con probabilidad de exposiciones intensas a aves.
-
Personas que, por su ocupación, pueden estar en contacto
con aves sospechosas o conocidas, de estar infectadas
por virus de gripe aviar altamente patogénicos, especialmente:
-
las personas que están directamente involucradas
en las tareas de control y erradicación de los
brotes (destrucción de los animales muertos, limpieza
y desinfección de las áreas infectadas).
-
las personas que viven y/o trabajan en granjas
de aves donde se han notificado brotes, o se sospecha
su existencia.
Esta recomendación deberá actualizarse en función de
las evidencias epidemiológicas sobre el patrón de presentación
y difusión de la infección por virus de gripe aviar.
¿Quien no debe ser vacunado?
- Las personas con alergia al huevo, con hipersensibilidad
a las proteínas de huevo o que hayan tenido una reacción
alérgica severa a una vacunación anterior con vacuna de
la gripe.
- Los niños menores de 6 meses.
- Si se tiene una enfermedad aguda con fiebre alta debe
esperarse hasta que esta situación remita.
- Tampoco se recomienda la vacunación en el primer trimestre
de embarazo.
¿Por qué hay que vacunarse
cada año?
Los anticuerpos producidos en respuesta a la vacunación
antigripal van disminuyendo con el tiempo y pueden no ser
suficientes para garantizar la adecuada protección al año
siguiente de la vacunación. Además, el proceso evolutivo
normal del virus de la gripe incluye una serie de variaciones
antigénicas menores que suponen una diferencia en un pequeño
número de aminoácidos en las proteínas hemaglutinina y neuraminidasa.
La consecuencia de estas pequeñas variaciones es que la
vacuna antigripal debe ser modificada anualmente adaptándola
a las cepas que se cree circularán en cada temporada. En
este punto juega un papel fundamental la vigilancia nacional
e internacional de la gripe, que tiene como objetivo fundamental
caracterizar adecuadamente los virus circulantes y su difusión
entre la población.
¿Cuándo se debe vacunar de
la gripe?
La fecha de comienzo de la campaña vacunal viene determinada
por la época en que habitualmente comienza a circular el
virus, es decir en los meses de octubre-noviembre en el
hemisferio norte y en el hemisferio sur en marzo-abril.
Por ello, en España, en todas las Comunidades Autónomas
las campañas de vacunación se inician entre el final de
septiembre y el principio de octubre. La vacuna comienza
a hacer efecto aproximadamente a las dos semanas de su aplicación,
por lo que conviene no demorarse en la vacunación, y hacerlo
entre octubre y noviembre, si bien la vacunación puede seguir
siendo de alguna utilidad administrada más tardíamente.
¿Cuántas dosis de vacuna
es necesario administrar?
La vacuna antigripal debe ser administrada en una única
dosis excepto para los niños que no han recibido ninguna
dosis, en los que se recomiendan dos dosis con un intervalo
de 4 semanas.
¿Cómo debe administrarse
y conservarse la vacuna antigripal?
Las vacunas inactivadas se administran a los adultos por
vía intramuscular ó subcutánea profunda en el músculo deltoides
(parte superior del brazo) y en niños por vía intramuscular
en el muslo. El contenido de la vacuna debe ser de 0,25
mL desde los 6 meses hasta los 3 años y de 0,5 mL a partir
de esta edad.
Las vacunas antigripales deben conservarse siempre en nevera
(+2 a +8º C) hasta el momento de la administración.
¿Dónde hay que acudir a vacunarse?
Las personas incluidas en los grupos a los que se recomienda
la vacunación son vacunados de forma gratuita en los centros
de salud. Serán vacunados en sus domicilios aquellos pacientes
de riesgo que no puedan acudir a su centro. Se administra
también la vacuna en las residencias de ancianos y en aquellos
servicios sanitarios que traten a pacientes de riesgo.
Algunas empresas facilitan la vacunación a sus empleados.
¿De qué está compuesta la
vacuna de la gripe?
La vacuna de la gripe contiene tres cepas (dos tipo A y
una tipo B) que representan los virus que más probablemente
circulen en el invierno siguiente. La vacuna se fabrica
a partir de virus cultivados en huevos embrionados de gallina
que posteriormente son inactivados.
En base a los datos obtenidos de la vigilancia del virus
de la gripe, la Organización Mundial de la Salud publica
anualmente las recomendaciones sobre el contenido de la
vacuna.
La composición de la vacuna para esta o para
pasadas temporadas se puede consultar en: http://www.who.int/csr/disease/influenza/vaccinerecommendations/en/
¿Es efectiva la vacuna de
la gripe?
La mayor parte de los adultos desarrollan altos títulos
de anticuerpos tras una dosis de vacuna. Estos anticuerpos
únicamente son protectores frente a los virus de la gripe
similares a los incluidos en la vacuna.
La capacidad protectora de la vacuna depende fundamentalmente
de dos factores:
- la edad y del estado de salud de la persona vacunada.
- la similitud de los virus circulantes y los contenidos
en la vacuna.
Cuando la coincidencia entre los virus circulantes y los
vacunales es alta, la vacuna previene entre el 70 y el 90
% de las gripes en sujetos sanos menores de 65 años. En
personas mayores de 65 años y personas con enfermedades
crónicas es efectiva en la prevención de complicaciones
derivadas de la gripe. Se pueden evitar un 50 a 60% de hospitalizaciones
y el 80% de fallecimientos derivados de estas complicaciones.
En estos grupos, la eficacia para prevenir la enfermedad
es de un 30 a 40%, pero es importante tener en cuenta que,
aunque se pueda adquirir la infección, la enfermedad será
con mucha probabilidad menos grave si ha habido una vacunación
anterior.
¿Puedo contraer la gripe
al recibir la vacuna?
La vacuna de la gripe no puede provocar la enfermedad al
contener virus muertos no contagiosos. Si una persona sufre
en los días posteriores a la vacunación un cuadro de vías
respiratorias altas en ningún caso puede estar relacionado
con la administración de la vacuna antigripal.
¿Cuáles son los riesgos
al recibir una vacuna de gripe?
El riesgo de que la vacuna antigripal cause un daño grave
es extremadamente pequeño, sin embargo, como con cualquier
medicamento puede dar lugar a reacciones alérgicas serias.
El efecto secundario mas frecuente tras la administración
de la vacuna es escozor en el lugar de la inyección. Estas
reacciones locales suelen durar menos de 48 horas y rara
vez interfieren con la vida normal de los vacunados.
Las reacciones tales como fiebre, malestar ó dolores musculares
pueden aparecer tras la vacunación y son mas frecuentes
en niños de menos de 12 años y vacunados por primera vez.
Estas reacciones se inician en las primeras 6-12 horas y
suelen persistir 1-2 días.
Fuente: Ministerio
de Sanidad y Consumo.
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