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RESPUESTAS DE LA CONVENCIÓN
• Establece un marco y un procedimiento para acordar
las medidas específicas que será necesario adoptar
más adelante.
Los diplomáticos que redactaron la Convención
Marco sobre el Cambio Climático la consideraron como
el punto de partida de otras posibles medidas futuras. Reconocieron
que no sería posible que en 1992 los gobiernos acordaron
un plan básico detallado para hacer frente al cambio
climático, pero al establecer un marco institucional
y de principios generales e iniciar un procedimiento que permitiera
a los gobiernos reunirse períodicamente, se dio el
primer paso en esa dirección.
Una ventaja esencial de este enfoque es que permite a los
países comenzar a debatir una cuestión antes
de que estén todos de acuerdo en que efectivamente
constituye un problema. Incluso los países escépticos
consideran que su participación es útil (o,
en otras palabras, les incomodaría quedar al margen),
y ello otorga legitimidad a la causa y crea una especie de
presión recíproca entre los miembros de la comunidad
internacional para tratar seriamente el tema.
La Convención ha sido concebida de forma que permita
a los países reforzar o atenuar sus disposiciones de
acuerdo con los últimos descubrimientos científicos.
Por ejemplo, pueden convenir en adoptar medidas más
específicas (como reducir en un cierto grado las emisiones
de los gases de efecto invernadero), aprobando "enmiendas"
o "protocolos" a la Convención. Es lo que
sucedió en 1997 con la aprobación del Protocolo
de Kyoto.
El tratado fomenta la adopción de esas medidas, a
pesar de las incertidumbres derivadas de la reciente aparición
en el derecho y la diplomacia internacionales de lo que se
ha dado en llamar el "principio precautorio". En
el derecho internacional tradicional en general no se puede
restringir o prohibir una actividad a menos que se demuestre
la existencia de un vínculo causal entre dicha actividad
y un daño particular. En cambio, hay muchos problemas
ambientales, como el daño sufrido por la capa de ozono
y la contaminación marina, que serían muy difíciles
de abordar si se exigiera una prueba concluyente de la relación
de causa y efecto. En consecuencia, la comunidad internacional
ha ido aceptando gradualmente el principio precautorio, según
el cual las actividades que pueden causar daños graves
o irreversibles pueden restringirse, o incluso prohibirse,
antes de que exista la certeza científica absoluta
sobre sus repercusiones.
• Prescribe las medidas preliminares que por ahora
son claramente las más razonables.
Los países que ratifican la Convención -en
la jerga diplomática las "Partes en la Convención"-
convienen en tener en cuenta el cambio climático en
esferas tales como: la agricultura, la energía, los
recursos naturales y las actividades relacionadas con las
zonas costeras, y en promover la elaboración de planes
nacionales a efectos de atenuar el cambio climático.
La Convención alienta a las Partes a compartir las
tecnologías y a cooperar por otros medios a fin de
reducir las emanaciones de gases de efecto invernadero, especialmente
las procedentes de los siguientes sectores: energía,
transporte, industria, agricultura, silvicultura y gestión
de desechos, sectores que en conjunto producen la casi totalidad
de las emisiones de gases de efecto invernadero atribuibles
a la actividad humana.
• La Convención fomenta las investigaciones
científicas sobre el cambio climático.
Exige que se lleve a cabo una labor de investigación,
observación y recopilación de datos sobre el
clima, y crea un "órgano subsidiario de asesoramiento
científico y tecnológico" con objeto de
ayudar a los gobiernos a decidir el curso de acción
futura. Cada Estado Parte debe asimismo presentar un "inventario"
de las fuentes nacionales de las emisiones de los gases de
efecto invernadero (como fábricas y transportes) y
de los "sumideros" nacionales (bosques y otros ecosistemas
naturales que absorben los gases de efecto invernadero de
la atmósfera). Dichos inventarios deberán actualizarse
periódicamente y hacerse de dominio público.
La información proporcionada sobre el volumen de las
emisiones de cada gas correspondiente a las distintas actividades
será esencial para vigilar las variaciones de las emisiones
y determinar la eficacia de las medidas adoptadas para limitarlas.
Problema No 3

Si un asteroide gigante entrara en colisión con la
Tierra, no sería la culpa de nadie. No se puede decir
lo mismo con respecto al calentamiento de la atmósfera.
En el problema del cambio climático hay una injusticia
fundamental, que exacerba las relaciones ya problemáticas
entre las naciones ricas y pobres. Los países con los
niveles de vida más altos han sido los principales
responsables (aunque inconscientemente) del aumento de los
gases de efecto invernadero: las primeras regiones industrializadas
(Europa, América del Norte, el Japón y otras)
consolidaron su riqueza en parte dejando escapar a la atmósfera
grandes cantidades de gases de efecto invernadero, mucho antes
de que se conocieran las probables consecuencias. Los países
en desarrollo ahora temen que se les diga que deben limitar
sus actividades industriales en ciernes, puesto que la atmósfera
ha llegado a su límite de tolerancia.
Habida cuenta de que las emanaciones derivadas de la utilización
de energía constituyen la causa principal del cambio
climático, habrá una 13 presión creciente
para que todos los países reduzcan el consumo de carbón
y petróleo. También habrá presiones (e
incentivos) para que se adopten tecnologías avanzadas
tendientes a limitar los perjuicios en el futuro, pero el
costo de éstas puede ser elevado.
Fuente: Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente
(PNUMA) y la Secretaría sobre el Cambio Climático.
Oficina Federal Suiza del Medio Ambiente.
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