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En el ínterin, si bien en algunos países se
estabilizaron, los niveles de emisiones siguieron aumentando
en todo el mundo. Más y más personas aceptaron
que sólo un compromiso firme y vinculante de los países
desarrollados, de reducir sus gases de efecto invernadero,
podía dar a los empresarios, comunidades y particulares
un argumento convincente para que cambiaran su forma de actuar.
Por último, se planteaba el problema práctico
de que el año 2000 se acercaba rápidamente,
con lo que expiraría el plazo para alcanzar la "meta"
no vinculante estipulada en la Convención para los
países industrializados, es decir, restablecer las
emisiones a los niveles de 1990 en el año 2000. Resultaba
obvio que era preciso tomar nuevas medidas.
RESPUESTAS DEL PROTOCOLO
• Establece objetivos jurídicamente vinculantes
y calendarios para disminuir las emisiones de los países
desarrollados.
La Convención alentó a estos países
a estabilizar las emisiones; a través del Protocolo
han de asumir el compromiso de reducir sus emisiones colectivas
por lo menos en un 5%. Los niveles de emisiones de cada país
se calcularán como un promedio de los años 2008-2012;
estos cinco años son conocidos como el primer período
de compromiso. Los gobiernos deberán “demostrar
para el año 2005 un avance concreto“ hacia la
consecución de esa meta.
Estas disposiciones se volverán a examinar periódicamente.
Es probable que el primer examen se lleve a cabo a mediados
del primer decenio del próximo siglo. En ese momento
las partes tomarán medidas adecuadas sobre la base
de la información científica, técnica,
social y económica más exacta que esté
disponible. Las conversaciones sobre las metas para el segundo
período de compromiso deberán comenzar para
el 2005.
El Protocolo será jurídicamente obligatorio
sólo una vez que 55 países, por lo menos, entre
ellos los países desarrollados que representan como
mínimo el 55 % de las emisiones de CO2 de los países
desarrollados en 1990, lo hayan ratificado. Esto ocurriría
después del año 2000.
• El Protocolo aborda los seis principales gases
de efecto invernadero.
Estos gases deberán combinarse en un conjunto ("basket"),
a fin de que las reducciones de cada gas se acrediten en una
cifra única fijada como objetivo. Ello se ve complicado
por el hecho de que, por ejemplo, un kilo de metano tiene
un efecto más fuerte en el clima que un kilo de dióxido
de carbono. La reducción en cada uno de los gases,
por consiguiente, se traduce en "equivalentes de CO2"
que pueden sumarse para producir una cifra única.
Las disminuciones en los tres gases principales -dióxido
de carbono, metano y óxido nitroso- se medirán
tomando como base el año 1990 (con excepción
de algunos países con economías en transición).
La reducción de los tres gases industriales de larga
vida -hidrofluorocarbonos (HFC), perfluorocarbonos (PFC) y
hexafluoruro de azufre (SF6) puede medirse tomando como base
1990 o 1995.
El dióxido de carbono es, con mucho, el gas más
importante en el conjunto. Esta sustancia representó
más de cuatro quintos de las emisiones totales de gases
de efecto de invernadero de los países desarrollados
en 1995, y la quema de combustibles representó casi
el porcentaje total de esta cifra. Afortunadamente, las emisiones
de CO2 producidas por combustibles son relativamente fáciles
de medir y vigilar.
La deforestación es la segunda fuente principal de
emisiones de dióxido de carbono en los países
desarrollados. En virtud del Protocolo, las metas pueden alcanzarse
en parte mejorando la capacidad de los bosques y otros sumideros
naturales para absorber el dióxido de carbono de la
atmósfera. Sin embargo, el cálculo del volumen
absorbido es complejo desde el punto de vista metodológico.
Los gobiernos deben aún ponerse de acuerdo sobre un
enfoque común.
El segundo gas más importante abarcado por el Protocolo
es el metano. El metano es liberado por el cultivo de arroz,
los animales domesticados, por ejemplo el ganado, y la evacuación
y tratamiento de basuras y desechos humanos. Las emisiones
de metano en general son estables o están en disminución
en los países desarrollados, y su control no parece
plantear una grave amenaza, como el dióxido de carbono.
Fuente: Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente
(PNUMA) y la Secretaría sobre el Cambio Climático.
Oficina Federal Suiza del Medio Ambiente.
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