| Tras el primer
artículo sobre Salamanca, este segundo artículo entra un poco
más en profundidad del legado monumental salmantino. Un recorrido
por sus calles nos alimenta la curiosidad de cómo fuero construidos,
por quién, su arquitectura, quién vivió en ellos y un sinfín
de preguntas que en la medida en que se pueda este artículo
saciará en parte esta sed de conocimiento. Haremos un pequeño
repaso por dos de sus monumentos más conocidos y desde luego
merecidamente.
Después de la Universidad de Salamanca posiblemente el monumento
más conocido de esta ciudad es su Catedral, mejor dicho, sus
Catedrales; como no podía ser menos Salamanca destaca hasta
en su profusión arquitectónica.
La Catedral Vieja o de Santa María de la Sede, como su primer
nombre indica es la más antigua de las dos, su construcción
data del siglo XII y se eligió el antiguo barrio de los francos
(franceses) para su ubicación por orden del Obispo Don Jerónimo
que por aquéllos años estaba en esta vetusta ciudad. En este
monumental templo se halla el más completo retablo pictórico
de la Sagrada Familia, obra del italiano Delli Dello allá
por el año 1.440. Al entrar en la Catedral lo primero que
siente el visitante es un sobrecogedor frío y una profunda
admiración por todos aquellos que hicieron posible tal maravilla
entre los que destaco a Pedro y Sancho Pérez y Florín de Poitiers.
Su construcción está realizada con la magnífica, y de un color
singular, piedra de Villamayor siguiendo el estilo fundamentalmente
románico. Su Museo muestra obras de incalculable valor artístico,
histórico y artesanal que a lo largo de los siglos han llegado
a manos de excelentes cuidadores que han hecho posible que
aún hoy en día podamos seguir admirándolas.
La Catedral Nueva que por más joven, se hizo en gótico en
el siglo XVI y finalizándose las obras (parcialmente) en el
siglo siguiente, más de 220 años en total. Situada al lado
de su centenaria compañera es quizá más amplia espacialmente
y ofrece una mejor visualización por parte del visitante de
las magníficas tallas que ofrece generosamente; quizás debido
a los aires renacentistas que bebió el hijo y sucesor en la
construcción del original y sin par Gil de Hontañón. En su
interior iguala a su inseparable amiga la Catedral Vieja,
en la capilla del Cristo de las Batallas se puede observar
lo que se cree con cierta certeza que fue la espada del Cid
Campeador, data del siglo XI y el estilo de su talla es
románica. Por supuesto esta no es la única joya que existe,
pero no hay espacio de momento para más....
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