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hallamos en la frontera entre la provincia romana de Lusitania
y Tarraconense. Observamos un verraco (una figura de piedra
en la que se representa a un cerdo) que nos indica el “confín”,
el frío es insoportable, la tierra abrupta. Estamos en Ávila,
tierra de héroes y de religiosidad.
En su origen fue tierra de artesanos y
más tarde, en el siglo XI de caballeros que daban su vida
por defender sus ideas y su honor. A principios de este siglo
se repobló de manos de Urraca
de Castilla y su esposo el Conde Raimundo de
Borgoña, matrimonio que no sólo refundó Ávila sino buena parte
de Castilla y
León.
Las guerras contra los árabes en diferentes
épocas y contra los astures dejaron a esta tierra yerma y
sin brazos para trabajar esa abrupta tierra que da la vida
y la belleza que sólo los Pirineos igualan.
Sus héroes nacieron junto con el siglo
XII, Nalvillos, “el Cid de Ávila”, Jimena Blanco y tantos
y tantos hombres y mujeres que hicieron del honor el estandarte
de este Ciudad.
Al grito de “Ávila, caballeros” se iniciaron
cruentas batallas entre los numerosos enemigos que por su
posición geográfica tenía esta
pacífica tierra. Jimena capitaneó la gloriosa defensa
de las murallas contra los árabes mientras sus maridos combatían
en otros frentes, pueblo aguerrido el abulense que hizo durante
estos siglos de la guerra su vida.......y de la religión.
Siglos más tarde nace la Orden del Carmelo
de Santa Teresa de Jesús o Teresa Sánchez de Cepeda Dávila
y Ahumada, autora de una de las obras místicas más importantes
del mundo: “Las moradas”. También en la cercana Fontiveros
nació San Juan de la Cruz, Santo y erudito hombre de Fe que
junto a su querida Teresa han dado a la tierra española una
notoriedad indiscutible en el pensamiento místico y por extensión
del religioso.
Pero no solo en Ávila han sucedido hechos heroicos, también
las más viles cobardías, eso sí, protagonizadas por extraños
a estas tierras y con título de rey.......pero esto se lo
contamos en la próxima entrega, no hay espacio para más.
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