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Para Sabino Arana los vascos, a diferencia de castellanos
y leoneses, valencianos, catalanes, gallegos, andaluces, extremeños,
asturianos, manchegos, aragoneses, navarros, isleños,
cántabros, ceutís, melillenses, murcianos, etc.
eran puros de sangre y todo lo demás se supeditaba
a ello, según Sabino eran una raza superior.
En estos años (1895) Sabino funda el Partido Nacionalista
Vasco (PNV). Los catalanes, viendo el triunfo de estas ideas
extremas, iniciaron la concienciación "nacional"
en los poblados, donde el nivel cultural era más bajo
que en las grandes ciudades. Los poderes de ambos nacionalismos
se hacían sobresalientes en las representaciones sindicales,
partidos políticos sin fuerza representativa.
La desastrosa situación política española
tras la debacle colonial impulsó una mayor actividad
de esta minoría independentista.
Tras la victoria del bando nacional en la Guerra Civil de
1936, el PNV quedó inactivo y motivó el descontento
de una mínima parte de la juventud que avalaba las
ideas sabinianas. De ahí nació el terrorismo
etarra.
Esta banda terrorista, creada en 1958, fue desde un principio
de izquierdas, socialista y con un fondo maoista. Su disciplina
interna ha sido esclarecedora, asesinando a dos de sus máximos
activistas en cuanto quisieron desvincularse de la misma.
El PNV siempre ha tendido distancias con el terrorismo etarra,
pero no tanta como sería necesario en un partido democrático.
Quedaba el último aldabonazo terrorista, el económico.
Para ello tejió desde mediados del siglo XX una red
de empresas, "asociaciones culturales", medios de
comunicación provinciales y partidos políticos
que a la sombra de las ayudas públicas a este tipo
de entidades les ha permitido empezar y continuar con sus
asesinatos.
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