LOS COMIENZOS
DEL HELENISMO (Siglos 4 y 3 a.C.)
Si bien no existe
una información minuciosa acerca del período
posterior al retorno de Babilonia, fue en esta etapa
precisamente cuando se consolidaron los cimientos
dé la civilización judía.
Después de
Ezra y Nehemías, el estudio de la Torá
se hizo muy intensivo. La Torá fue aceptada
como la constitución de la nación y
se desarrollo el proceso conocido como de interpretación.
De este modo el texto de la Torá fue estudiado
de manera de inferirse de él nuevas leyes adaptadas
a las condiciones contemporáneas, así
como reglas atinentes a la moral y axiomas éticos.
Un organismo conocido con el nombre de Gran Sínodo
se creó durante esa época, (su denominación
hebrea, Haknéset Hagdolá, es la fuente
del actual nombre del Parlamento de Israel, Knéset).
El sínodo estaba integrado por un grupo de
sabios cuya misión era la interpretación
de la Torá. Ellos fueron los antecesores de
los sabios de épocas posteriores, los que produjeron
la monumental codificación de la ley judía
y el ritual, luego recopilado en la Mishná.
La "interpretación" de la Torá
incluye también la actividad homilética.
Las historias de la Biblia son embellecidas, agregando
atractivos sucesos al esqueleto de lo relatado.
Esto fue probablemente
realizado durante los sermones en las sinagogas y
posteriormente recopilado en las distintas obras del
Midrash. Ezra y Nehemías marcan el fin del
período profético en la historia de
la religión judía y el comienzo del
período rabínico. En el último
tercio del siglo 4 a.C., tuvieron lugar cambios decisivos.
Hasta esa época, el país fue gobernado
o estuvo bajo la influencia de las grandes potencias
orientales. Con posterioridad, hasta el siglo 7 E.C.,
Judá y sus vecinos cayeron bajo el dominio
de reinos y culturas cuya principal fuente de inspiración
fue Grecia y, mas tarde, Roma. Alejandro Magno conquistó
Judá en 332 a.C., sin encontrar seria resistencia.
Después de
la muerte de Alejandro, el país cambió
frecuentemente de manos por causa de las luchas intestinas
libradas por sus sucesores. En 301 a.C. fue conquistado
por Ptolomeo I de Egipto, quedando bajo el poder del
helenismo egipcio hasta el año 200 a.C., en
que pasó a ser regido por el reino seleucida
helenista de Siria. En gran parte de este período,
los judíos gozaron de considerable autonomía;
en tanto pagaran sus impuestos y tributos, eran dejados
a su suerte, y su vida religiosa estuvo libre de toda
interferencia. El alto sacerdote del Estado era la
autoridad efectiva, responsable ante el gobernador
extranjero.
Con todo, la población
judía comenzó a sentir la influencia
de los conquistadores foráneos. Comerciantes,
soldados y otros viajeros dejaron su sello, particularmente
en las clases dirigentes, las que comenzaron a adoptar
sus maneras, el idioma, y otras costumbres sociales
de los griegos.
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