VIDA JUDIA
EN EUROPA ORIENTAL
Desde los comienzos del siglo 18,
y hasta la Segunda Guerra Mundial, el jasidismo fue
una fuerza troncal en la vida judía de Europa
Oriental. Dirigido por líderes carismáticos,
llamados "rebes", este movimiento inyectó
renovada esperanza en las masas judías.
Una de las enseñanzas fundamentales
fue la alegría que el judío debía
infundir a cada una de sus obras y la afirmación
de que el Todopoderoso no abandonó a su pueblo.
El culto de la Divinidad en los jasidim incluyó
el canto y la danza; sus dirigentes también
hicieron hincapié en la idea de la responsabilidad
colectiva y valoraron la piedad, incluso del ignorante,
como una virtud capital.
Los detractores del jasidismo, conocidos
con el nombre de "mitnagdim" (en hebreo:
opositores), los atacaron clamando que su doctrina
restaba importancia al estudio de la Torá y
a la observancia religiosa formal.
En varias ocasiones se dictaron
contra los jasidim una suerte de edictos según
los cuales era prohibido a los judíos mantener
trato con ellos. Con todo, el jasidismo prosiguió
creciendo y sus adeptos en cada región desarrollaron
variaciones propias sobre los temas principales del
judaísmo. Los temores de los mitnagdim demostraron
con el tiempo ser infundados.
El idioma más hablado por
los judíos de Europa Oriental fue el idish,
una lengua basada en el alemán medio superior,
y entrelazada con el hebreo y ciertos elementos eslavos.
La literatura en idish, que creció hasta alcanzar
notables proporciones en los siglos 19 y 20, comenzó
con oraciones religiosas para mujeres y sagas épicas
basadas en relatos de la Biblia. Un acontecimiento
culminante fue la publicación de las 13 parábolas
del rabino jasidista Najman de Bratzlav (1772-1811
), en las que el idish se convirtió en un idioma
literario autónomo.
Durante el siglo 19 el estudio del
Talmud llegó a grandes cumbres; en Polonia,
Lituania y Rusia funcionaban centenares , de ieshivot
(seminarios rabínicos) con decenas de miles
de alumnos. Cada comunidad judía de cierta
importancia solía emplear un rabino, quien
habitualmente establecía un seminario. Había
estudiantes que viajaban largas distancias para sentarse
a los pies de un renombrado rabino; estudiaban con
él en su sinagoga y comían a la mesa
de propietarios caritativos. A fines del siglo 19
las ieshivot se convirtieron en instituciones plenamente
equipadas, y con servicios de comida, merced al apoyo
de donantes y campañas para recolectar fondos.
Muchas de estas academias y seminarios
se restablecieron en Eretz Israel en el siglo 20.
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