RUSIA Y LOS
POGROMS
Si bien el movimiento
de la Haskalá (Ilustración) fue activo
en Europa Oriental, especialmente en Rusia, la emancipación
civil de los judíos no contó con el
apoyo de la población no judía.
En la Rusia zarista
sufrieron persecuciones y discriminación; existían
restricciones respecto de las zonas en las que podían
residir y no gozaban de igualdad ante la ley. Los
zares emitieron numerosos decretos contra los judíos
y los sacerdotes alimentaron el odio hacia ellos entre
los nativos.
Esta situación
alcanzó su climax hacia fines del siglo 19,
con el desencadenamiento de una serie de pogroms.
En 1881, a consecuencia de un rumor maligno según
el cual los judíos habían asesinado
al zar, se registraron pogroms en más de 30
poblaciones de Ucrania, siendo el más grave
el de Kiev. Posteriormente, en el día de Navidad,
los judíos de Varsovia fueron atacados y en
el este los de Balta.
En I 883 se produjeron
nuevos ataques y en 1891-92 los judíos fueron
expulsados de Moscú. Los primeros seis años
del siglo 20 fueron testigos de otra serie de centenares
de pogroms, particularmente en Kichinev (donde, en
1903, fueron asesinados 45 judíos y centenares
heridos) y Odesa (más de 300 muertos y miles
de heridos en 1905).
En tal atmósfera
una propuesta durante un debate en el Duma acerca
de la abolición de las restricciones respecto
a las zonas de residencia fue rechazada, en tanto
que la de excluir a los judíos del servicio
militar no fue aceptada por no poder prescindir el
gobierno de 40.000 soldados judíos.
En 1913 mantuvo
el gobierno un sangriento juicio difamatorio en Kiev,
siendo acusado Mendel Beilis, un judío, de
haber asesinado a un niño cristiano con el
fin de utilizar su sangre para fines rituales. La
propaganda antisemita fue intensificada, y el gobierno
movilizó sus fuerzas policiales y judiciales
con el fin de obtener su convicción. No obstante
la defensa logró desechar firmemente el libelo:
el jurado, formado por 12 campesinos rusos, absolvió
al acusado.
Estas manifestaciones
del antisemitismo desalentaron incluso a aquellos
que depositaron todas sus esperanzas en la emancipación;
los jóvenes reaccionaron incorporándose
al movimiento revolucionario ruso o a los grupos nacionalistas
judíos.
También comenzó
la emigración en masa, y así la población
judía de Norteamérica creció
de unas 280.000 almas en 1880 a cerca de 4.500.000
en 1925. Los judíos de Europa Oriental aspiraron
tradicionalmente a regresar a la Tierra Prometida
y los pogroms, especialmente en regiones donde imperaba
la pobreza, dieron mayor ímpetu a la actividad
del sionismo práctico. Grupos como el Bilu
(creado en 1882) promovieron el establecimiento en
Palestina.
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