EL SIONISMO:
SUS COMIENZOS
Desde el mismo momento
de la destrucción del Templo, en el año
70 E.C., cuando los judíos se dispersaron por
el mundo, jamás abandonaron la esperanza de
retornar a su país. La esperanza fue realmente
mesiánica: aguardaban que el Todopoderoso devolviera
a sus hijos a la Tierra Prometida. Sus plegarias diarias
expresaban este anhelo, y poetas como Iehudá
Halevy escribieron cantos de profunda nostalgia. Halevy,
al igual que incontables otros antes y después
de él, intentó en 1140 llegar a la Tierra
de Israel.
Hubo personas tales
como el rabino Zvi Hirsch Kalischer ( 1795-1874) y
el rabino Iehudá Alkalai ( 1798-1878), que
proyectaron planes prácticos para el retorno
y buscaron obtener el apoyo necesario para concretarlos.
Otro pionero en
este sentido, si bien por razones seculares, fue Moisés
Hess (1812-1875). Hacia fines del siglo 19, intelectuales
judíos, particularmente en Rusia, se interesaron
vivamente en la idea del retorno y en 1882 se inició
una ola inmigratoria conocida como la Primera Aliá
(aliá significa "ascenso" a la Tierra
de Israel).
Se escribieron panfletos
y libros sobre el tema y tanto el carácter
futuro del Estado Judío, así como los
medios para alcanzar ese objetivo fueron asunto de
serias discusiones.
Los acontecimientos
tomaron un giro político con la aparición
en escena de Theodor Hertzl ( 1860-1904). Bajo las
influencias de la tendencia a la emancipación
nacional, imperante en Europa, y comprendiendo la
naturaleza del antisemitismo, que alcanzó su
culminación con el caso Dreyfus en Francia
(1894-1906), Hertzl vio la solución del problema
sólo con la creación de un Estado Judío
soberano en la Tierra de Israel.
En 1897 convocó
al primer Congreso Sionista de Basilea; los delegados,
provenientes de comunidades judías de todo
el mundo, comenzaron la labor práctica de apremiar
a las masas para que emigraran a Eretz Israel. Se
intentó persuadir a los gobiernos europeos
para que apoyaran el establecimiento del Estado Judío
en Eretz Israel, a la sazón bajo el dominio
turco; se extendió la ayuda a las colonias
agrícolas judías ya existentes en el
país, y se alentó constantemente la
inmigración.
Por los esfuerzos
de Jaím Weizmann (1874-1952), principalmente,
el gobierno británico anunció en la
histórica Declaración Balfour (1917)
su apoyo al "establecimiento de un Hogar Nacional
para el pueblo judío en Palestina". Al
finalizar la Primera Guerra Mundial, cuando le fue
entregado a Inglaterra el Mandato sobre Palestina,
quedó abierto el camino para que el pueblo
judío comenzase a reconstruir su hogar nacional.
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