EL HOLOCAUSTO
Adolfo Hitler, que
llegó a ser Canciller de Alemania en 1933,
convirtió al antisemitismo en credo oficial.
Una propaganda de odio presentó a los judíos,
conforme a los estereotipos tradicionales, como pertenecientes
a un pueblo inferior.
Se puso en práctica
una política sistemática para desembarazar
de ellos a Alemania como el primer intento para destruir
a la raza judía. La mayoría de los países
se negaron a aceptar refugiados judíos en gran
número.
Eretz Israel que
podría haber abierto sus puertas a muchos de
los perseguidos se encontraba cerrada para ellos.
En Alemania, y en los países que conquistó
durante la Segunda Guerra Mundial, los judíos
fueron despojados de los derechos civiles, apiñados
en guetos y campos de concentración, forzados
a trabajar en condición de esclavos y finalmente
asesinados en campos de muerte especialmente construidos
para ese fin.
En total unos seis
millones de judíos, que constituían
una tercera parte de la población judía
del mundo fueron asesinados. Nada fue hecho para detener
el genocidio. Incluso las más poderosas organizaciones
religiosas permanecieron inactivas, salvo raras excepciones.
Durante la Segunda
Guerra Mundial, las fuerzas aliadas se negaron a utilizar
su poderío militar para bombardear las instalaciones
de muerte y detener la masacre de los judíos.
En la Segunda Guerra
mundial los judíos lucharon en todos los ejércitos
aliados; 40.000 judíos de Eretz Israel sirvieron
en las filas del ejército británico,
algunos de ellos llevando a cabo peligrosas misiones
detrás de las líneas enemigas. Los árabes
se identificaban en gran medida con los nazis.
Alemania cayó
derrotada en 1945 y, exceptuando a la Unión
Soviética, las juderías de Europa Central
y Occidental quedaron virtualmente aniquiladas. Los
grandes centros de la vida y la cultura judías,
como Polonia, Alemania, Lituania, Hungría y
Rumania dejaron de existir.
Los refugiados que
lograron sobrevivir al holocausto fueron reunidos
en Campos de Personas Desplazadas establecidos en
los países de Europa ocupados por los Aliados.
En esos Campos, el remanente de los judíos
de Europa comenzó a planear y a organizarse
para "ascender" a su propia patria, Israel,
con la ayuda de emisarios enviados desde ella.
El gobierno británico,
que aún ejercía el Mandato sobre Eretz
Israel, restringió severamente la inmigración,
principalmente bajo la presión de los estados
árabes. Sin embargo, se organizó una
red de inmigración clandestina y millares de
judíos abandonaron las costas de Europa para
dirigirse a la Tierra de Israel.
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