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Religión Judía (IV)

CONQUISTA Y MONARQUIA (1250-965 a.C.)


Desde su entrada en la Tierra de Canaán, bajo la dirección de Josué (1250 a.C.), los hijos de Israel formaban una federación de tribus perdidas, conducidas por sucesivos líderes a los cuales la Biblia denomina Jueces. Vivían bajo la constante amenaza de los filisteos, una poderosa nación establecida sobre el litoral marítimo occidental.

Las tribus luchaban a menudo entre ellas. Un incidente que es mencionado, es el de la tribu de Benjamín que fue atacada y casi exterminada por las otras por haberse negado al castigo impuesto a la ciudad de Giveá.

Fuera de la guerra con los filisteos, era menester vencer la oposición de las tribus canaanitas. Este fue un largo proceso que culminó con la victoria decisiva de la fuerzas israelitas conducidas por Débora, una mujer juez. El libro de los Jueces describe a los judíos en dicho período alternando entre el culto a un Dios verdadero y el paganismo; cuando servían a los ídolos eran castigados con la servidumbre a las tribus vecinas.

El culto monoteísta no estaba concentrado, aun cuando el principal centro se hallaba en Bet-El, donde el profeta Samuel consintió en ungir a Saúl (hacia 1020-04 a.C.), de la tribu de Benjamín, y así quedó preparado el terreno para unificar la nación. No obstante, Saúl fue finalmente destronado por Samuel al no cumplir rigurosamente las instrucciones divinas con respecto a la destrucción completa de los amalequitas, antiguos enemigos de Israel. Saúl desconoció ese acto y Samuel ungió rey a David (1004-965 a.C.) en vida de Saúl. Jonatán, hijo de Saúl, que podría ser considerado como legítimo heredero al trono, reconoció el derecho de David. A pesar del temor a su padre, mantuvo buenas relaciones con David y aceptó el hecho de que el último dirigiera los destinos de Israel. David hasta él momento de llegar al trono, tuvo una azarosa carrera como líder de un ejército privado perseguido por Saúl. A pesar de haber tenido la oportunidad de matar a Saúl, no lo hizo por sentir hacia él respeto y afecto.

Después de la muerte de Saúl en una batalla contra los filisteos, David asumió el trono y logró unificar las tribus. La Biblia lo recuerda como un administrador de talento, bravo soldado y hombre de gran calidad religiosa. Tradicionalmente se le atribuye la paternidad del Libro de Salmos. Conquistó la ciudad de Jerusalén y la convirtió en su capital; ésta sirvió de asiento al Templo que construyó su hijo Salomón, pues David no estaba autorizado a hacerlo: un hombre de guerra no podía erigir un templo cuya finalidad era traer la paz.

 

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