Ya
desde el siglo IV en Europa nació la idea del monaquismo
a partir del ascetismo practicado en todo el Oriente. Esta
idea intentó ser propagada por diversos religiosos,
el único que tuvo éxito fue el eremita San Benito
de Nursia, nacido a finales del siglo V en Nursia (ciudad
de la actual Italia).
En España fracasaron en el mismo empeño San
Millán en La
Rioja, San Isidoro en Sevilla
y San Fructuoso en León.
Después de las invasiones musulmanas de los siglos
VIII y IX reaparecieron en Europa y particularmente en España
las abadías (monasterios) pero cada una con una corriente
de opinión diferente. Éstas diferentes corrientes
de opinión se intentaron unir en las menos posibles
y para ello se inició la reforma de Cluny en 910 (los
monjes negros benedictinos). Ésta reforma llegó
a España en el año 965 de Nuestro Señor
por los condados pirenaicos y un siglo más tarde por
Navarra fomentado por el Rey de Pamplona Sancho III el Mayor.
Esta corriente reformista tuvo éxito al comienzo de
su vida pero a medida que pasaba el tiempo de oración
(al que se dedicaban por completo según su Regla) se
transformó en una forma de ingresos de los más
poderosos para que dieran misas por ellos tanto en vida como
después de ella. Ésta corriente murió
sobre 1790.
Mientras, en el siglo XI se vió la necesidad de una
nueva reforma. A ella acudieron diversas corrientes, de las
cuales solo unas pocas alcanzaron el título de Orden
Religiosa. Entre estas estaban las Órdenes Benedictina
reformada, Cistercienses, Cartujos y Trapenses (los monjes
blancos). Otras Órdenes han desaparecido o están
a punto de desaparecer.
En España fue el siglo VI el siglo de los monasterios,
desde el eremita San Millán que fundó Suso
y luego Yuso
hasta las abadías de Compludio y Ripiana en El BIerzo
(León) de San Frictuoso o en Mondoñedo.
Tras la invasión árabe del 711 los monjes se
retiraron a zonas más protegidas del Norte peninsular
desde donde se inició la Reconquista. A medida que
los cristianos avanzaban hacial el sur los cenobios y abadías
se levantaban para primero asentar la presencia cristiana
y para organizar la repoblación posterior: Santo
Toribio de Liébana (Cantabria),
San
Miguel de Escalada (León)
y San Isidro de Dueñas (Palencia),
San
Juan de la Peña (Huesca)
y el monasterio
de Santa María de Irache (Navarra),
Leyre (Navarra), Nájera
(La Rioja), Frómista
y un sin fin más. Todos ellos pertenecían a
la Orden Cluniacense (Benedictinos Reformados).
La segunda reforma de la que escribimos arriba fue en el
siglo XI-XIII. La Reforma Cisterciense (dividida bajos las
Reglas de San Benito y San Agustín) entró en
España por Fitero (Navarra), Sacramenia (Segovia),
Cañas
(La Rioja), Gradefes
(León) y Las
Huelgas (Burgos)
entre otras.
Los cistercienses (Regla de San Benito) crearon las famosas
Órdenes de Caballería en España: Calatrava,
Alcántara y Montesa. Bajo la Regla de San Agustín
nació la Orden de Santiago. (Ver
época de las Órdenes Militares).
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