Ya
desde su presencia en suelo ibérico sobre el año
70 d.C. y sobre su más que notable presencia en el
siglo IV, no fueron admitidos como iguales, sino como deicidas
(asesiones de Dios). En el Concilio de Elvira se pide la separación
de cristianos y judíos para que no se infectaran aquéllos
de las ideas religiosas de éstos.
Cuando los visigodos se convierten al cristianismo la persecución
fue enorme, hasta el punto de hacerlos esclavos y confiscar
sus bienes en el año 694 de Nuestro Señor.
Con la invasión musulmana en 711 los judíos
respiraban aliviados pues ahora los cristianos tenían
otras preocupaciones. Qué equivocados estaban.
Cuando los almorávides y almohades (extremistas islamistas)
pisan tierra hispana los judíos huyeron despavoridos
al Norte cristiano no invadido. No tenían salida. Por
el sur la muerte y por el norte ya veremos, lo más
seguro que también...
En 1096 ya los cruzados de Pedro el Ermitaño cometieron
matanzas en la Península.
Desde el siglo XIII (1277) las agresiones contra la población
judía en los distintos reinos de Castilla, Aragón
y Navarra era constante. Particular ferocidad fueron las masacres
de los barrios judíos de Pamplona
en 1277, la masacre de los integrantes de la Cruzada de los
Pastorcillos en 1321 en Jaca
y Pamplona de nuevo.
Siete años después un franciscano enervó
los ánimos de los vecinos de Estella (Navarra) y se
produjo una matanza de judíos terrible. Estos ataques
continuaron años después en Tudela.
Castilla tampoco se salvava de ser una población salvaje
e inculta. La gran matanza de 1391 ha pasado a los libros
de historia como la mayor matanza de judíos en toda
la península. Y su refugio fue ¡Pamplona!.
Las comunidades judías eran autónomas, su propia
legislación, su propia justicia y su libertad religiosa
les hacía diferentes de por sí. Aparte si tenemos
en cuenta la mentalidad de aquellos años, en los que
la gente se dejaba convencer fácilmente desde algunos
púlpitos, tenemos un panorama aderezado para lo que
fuera menester. Deicidas era lo más común, matar
niños y profanar las hostias sagradas. Además,
si contamos con que se dedicaban a recaudar impuestos y al
préstamo, para que contar.
En el IV Concilio de Letrán del año 1215-1216
se aprobó la obligación de que los judíos
llevaran una señal en su vestimenta exterior para poder
identificarles fácilmente. Una verdadera aberración,
incluso en aquéllos tiempos. Los Concilios de Valladolid
(1322) y Toledo
(1323) seguían las mismas premisas. Buen trabajo de
los sacerdotes, de seguro no alcanzarán el Reino de
los Cielos. Habían expulsado de la vida civil a una
comunidad tan influyente que años más tarde
retornaría a sus puestos por los mismos que un año
antes los asesinaron. Lo veremos...
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