Para
más desgracia de los judíos la Peste Negra del
siglo XIV acabó con su paz (Mapa de la Peste). Todo el pueblo les culpaba
de la Peste y las malas cosechas, seguidas de guerras entre
vecinos.
La culpa estaba clara: los judíos. Como no.
En 1348 las juderías de Barcelona,
Tárrega, Lérida
y Gerona, son asaltadas
en el Reino de Aragón.
En Castilla coincidió la guerra dinástica entre
el bastardo Enrique
II de Trastámara y Pedro
I el Cruel. Sabiendo el bastardo que el pueblo estaba
contra los judíos aprovechó esta animadversión
para acusar a Pedro I de filojudío pues algunos puestos
relevantes de su Corona estaban en manos de esta comunidad.
Pedro I estaba abolutamente perdido, el pueblo le rechazaba
como amigo de los judíos.
Por donde pasaba el bastardo los vecinos de las juderías
eran masacradas: Toledo (1355), La Rioja (1360) y Valladolid
(1368). Sanciones económicas extraordinarias a los
judíos: Burgos (1366), Toledo (1366 y 1369).
Una vez Enrique II sube al poder con el asesinado a Pedro
I en Montiel, (Ver Historia
de aquélla época y de las cuitas sucedidas),
coloca al frente de la Contaduría General del Reino
y más tarde almojarife mayor (COntable mayor). También
este individuo (Enrique II) defendió vehementemente
en las Cortes de Toledo de 1369 a los que un año antes
había instigado a asesinar.
Lo malo, como siempre, es que las mentiras creídas
son las más difíciles de deshacer. El pueblo
seguía odiando a los judíos y si el monarca
insistía ahora en su defensa, sería mal mirado
y ningún rey ni político quiere ser mal mirado,
pues entonces su bolsillo seguro que pronto merma.
Sobre el año 1377 la violencia comienza a resurgir
de una forma imparable. Pequeños asesinatos de judíos
se sucedieron en diferentes partes de las Coronas de la Península.
En la zona sur, en Écija, el padre Ferrán Martínez
se convirtió en un serio problema, primero para los
judíos, que fueron asesinados debido a sus pláticas
y luego para la realeza que le amenazó de diferentes
formas para que se callase y para la Iglesia española,
que le amenazón con la excomunión; pero nada
hacía callar a este extremista religioso.
En 1391 sus mayores oponentes murieron al cabo de los meses
y el padre Ferrán seguía con las suyas y ganó:
las juderías de Sevilla,
Córdoba,
Andújar, Úbeda y Jaén
fueron destruidas y sus habitantes masacrados. Más
tarde le tocó el turno a Madrid,
Toledo, Ciudad
Real y Cuenca.
Al noroeste a Carrión
de los Condes, Palencia,
Valladolid
y Salamanca.
En la Corona de Aragón, Barcelona
y Valencia.
Estos tiempos hicieron que muchos judíos se convirtieran
al catolicismo, la mayoría por conveniencia, luego
volverían a su verdadera religión.
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