De
Arenas de San Pedro tenemos constancia de que fue habitada
desde la prehistoria como lo demuestran los restos de los
alrededores de la ciudad.
Anteriormente al asentamiento actual se sabe
que el antiguo Castro de el Raso estaba habitado por la población
vettona. Su enclave actual data probablemente de finales del
siglo XI, cuando se comienza a habitar el Ojo de la Jara.
Su vida se basaba fundamentalmente en la extracción
mineral, muy abundante por aquellos tiempos, de tal forma
que se la conocía como las Ferrerías de Ávila
(entre los siglos XI-XII pertenecía a Ávila).
A finales del siglo XIII y debido a la Reconquista
se repuebla la zona del valle del Tiétar aumentando
de esta forma la población de Arenas.
En el año 1393 (14 de octubre) de nuestro
Señor el Condestable o Ruiz López Dávalos
consigue la separación de Arenas de San Pedro de Ávila
y en 1395, con la autorización de Enrique
III el Doliente, la pone bajo su señorío.
En el año 1423 pasa a manos del Conde
de Benavente y dona la villa a su hija doña Juana de
Pimentel en su boda con D. Álvaro de Luna. Antes de
ello las pasó mal con Enrique III pues años
más tarde le quitó diversos territorios, territorios
que una vez muerto fueron recuperados, en su mayor parte,
por su viuda y donados a su hija que casada con un Mendoza
pasa al señorío del Duque del Infantado.
En 1560 llega a Arenas un cacereño
que llegaría a ser el patrón de la ciudad, Pedro
de Alcántara. Dos años más tarde (el
18 de octubre) muere San Pedro de Alcántara. En 1622
es santificado y canonizado en 1669. Es patrón de Arenas
de San Pedro desde 1622.
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