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En los siglo XIV y XV Burgos se convierte en
una de las ciudades más prósperas de la Península Ibérica
por el comercio de la lana. La mayor prosperidad de la "Cabeza
de Castilla", Burgos, fue bajo los reinados de los Reyes
Católicos y Carlos
I.
Durante el reinado de los Reyes Católicos,
este comercio de la lana tuvo enormes consecuencias que llegaron
a hacer rivalizar a las ciudades de Burgos y Bilbao
por la exclusiva de este negocio. Los Reyes Católicos se decantaron
por Burgos y años más tarde se llegó a un acuerdo entre ambas
ciudades, Bilbao se quedó con la explotación y transporte
del hierro.
Ya en el XVI, sufre una época de decadencia y
tras la ocupación francesa en el s. XIX, la ciudad queda destruida.
Pero pronto se recupera y ya en el año 1860 se construye el
ferrocarril del Norte.
Actualmente pertenece a Castilla
y León, siendo una ciudad próspera, con numerosas
centrales hidráulicas e incontables fábricas en el eje Aranda-Burgos-Miranda
del Ebro.
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