Habitada
la zona desde tiempos prehistóricos como demuestran
los yacimientos arqueológicos recientemente realizados, no
fue hasta la época visigoda en que la zona se habitó de manera
que la vida empezaba a cobrar historia. En el siglo VII los
monjes de Silos habitaban muy diversas colonias a lo
largo y ancho del valle hasta finales del siglo VIII en que
las tropas árabes invadían España.
El Monasterio
se sitúa en un valle que ya en el año 954 se denominaba valle
del Tabladillo. Y más aún, hay constancia documental
de que en el año 919 el primer Conde independiente
de Castilla, Fernán González, junto con su esposa
doña Sancha, donan al monastero las tierras en que
iba a levantarse la fábrica. Esta documentación
está actualmente en entredicho pues algunos expertos
la sitúan en la fecha más arriba indicada de
954.
Santo Domingo de Silos es un pequeño pueblo
de apenas 400 habitantes, su historia va unida estrechamente
a la de su afamado Monasterio.
Desde el siglo VII ya existía en Silos un cenobio
dedicado a San Sebastián. Fue reconstruido a fines del siglo
X por Fernán
González.
En el siglo X el abad Salvo escribió
las "Reglas para monjes" en las que se recogían
las tradiciones visigodas y se insertaban de una forma clara
las reglas primitivas de San Benito de Nursia (creador de
la Orden de los Benedictinos).
Durante las guerras de dominación musulmana,
el ya muy conocido en estas páginas Almanzor,
destruyó el cenobio y más tarde un santo taumaturgo,
Domingo,
lo refundó en el año 1040.
Esta reconstrucción eliminó la original iglesia
románica y la sustituyó por la actual neoclásica.
En el siglo XI y debido a la reforma cluniacense
(ver
artículo sobre el cristianismo primitivo en España)
la Orden Benidictina tomó cuerpo en la Península
Ibérica y más concretamente, su introducción
en Hispania se realizó por los territorios de la Corona
de Aragón. Los reyes Fernando I de Castilla y Alfonso
VI de Castilla y Aragón dieron el empuje definitivo
a la reforma cluniacense: rito romano, derecho gregoriano
y letra carolina.
A finales del siglo XI y comienzos del siguiente
siglo las construcciones de nuevas abadías con la regla
benedictina o el traspaso a la regla benedictuina de las ya
existentes fue un día a día interminable. Entre
los nuevos monasterios cabe destacar los de San
Millán de la Cogolla, el monasterio
de Nájera, el que estudiamos ahora: SIlos y el
monasterio
de San Zoilo (en Carrión
de los Condes). Gracias a todos estos monasterios, entre
otros, se han salvaguardado los tesoros culturales y literarios
que nos han permitido saber más acerca de la época
del medievo y el primitivo cristianismo en España.
Por lo menos lo que quedó d ela desamortización
de Mendizábal y los desastres que sufrieron los monasterios
a lo largo de sus centenarias vidas.
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