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primeros pueblos fueron los íberos. La dominación no
llegó hasta el año 206 a.C. En estos momentos Córdoba
se convierte en la capital de la Hispania Ulterior.
Los bárbaros terminaron con la dominación
romana en el siglo VI al mando de Leovigildo.
El Imperio romano dejó en Córdoba grandes edificios como el Anfiteatro romano, el tercero (a fecha de 2009) más grande del Imperio. Construido entre los siglos I y IV tenía capacidad para unos 40.000 expectadores.
Más tarde (711) los árabes llegan a
Córdoba, y los problemas para los invasores musulmanes
no hacen más que empezar: al-Dajil o Abd al-Rahman
I (755-788) se instaló también en el sur de
Hispania. Abd al-Rahman I descendia de omeyas y no tardó
en conseguir el nombramiento de emir en el 755 y por
tanto de establecerse en la ya capital de al-Andalus, Córdoba.
Así consiguió la unificación de las diferentes
tribus y la tranquilidad necesaria para prosperar, aunque
eran tantas las tribus que se necesitó algo más
de un reinado para tranquilizar a todos los musulmanes.
En el año 929 se instaura el Califato de Córdoba,
bajo el califato de Abderramán
III. En el siglo XI el Califato se descompone y en el
año 1236 Fernando
III toma la ciudad. Las sublevaciones de los siglos IX
y X no hicieron más que institucionalizar la dinastía
islámica Omeya en al-Andalus. De pueblos tribales pasaron
a lo largo de los siglos a pueblos organizados jerárquicamente,
con su aristocracia y su pueblo llano.
Los fatimíes se declaraban con legitimidad
califal por su ascendencia y Abd al-Rahman III lo atajó
autoproclamándose Califa y autonombrándose al-Nasir
li-Din Allah. Desde ahora Córdoba sería un califato
independiente del de Bagdad.
Corrían los mejores tiempos del emirato-califato
de Córdoba, la herencia que recibió al-Hakam
II (961-976) fue extraordinaria. Una administración
bien organizada y con un ejército que mantenía
a raya el norte de África y protegía el norte
de al-Andalus.
En el año 1031 un Consejo de notables
abolió el califato de Córdoba gobernado un Consejo
nombrado al efecto y que tenía territorialidad en la
provincia de Códoba.
A mediados del siglo XVII Córdoba y su provincia estaba sumida en la máxima pobreza debido a las malas cosechas de estos años y al egoismo de la Corona con sus siempre elevados impuestos y, como siempre, a los hacendados y terratenientes que retenían elevadas cantidades de grano lo que elevaba los precios de lo poco que quedaba. Por último la peste de 1648 a 1650 exterminó a trece mil vecinos cordobeses de un total de cuarenta mil. En 1652 la población de Córdoba no pudo más y se sublevó, pero no solo la capital de provincia sino ciudades importantes como Lucena, Espejo y Montemayor hicieron lo propio.
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