Ocupada
por los celtas desde muy antiguo, Santiago de Compostela fue,
según cuenta la tradición, escenario de los intentos de evangelización
por parte de Santiago Apóstol. Tras infructuosos intentos
retornó a Palestina (44 d.C.), donde fue decapitado
por Herodes Agripa y se prohibió su enterramiento en
esta tierras.
Su cuerpo, ya en Galicia,
fue enterrado en la antigua capital romana gallega, Iria
Flavia; más concretamente en el bosque de Liberum Donum.
Se sabe que hubo una ciudad romana hasta el siglo VII. En
el siglo I d.C. está demostrado que se erigió
un mausoleo pagano que a lo largo de los siglos dió
lugar a la actual Catedral.
No
fue hasta el siglo IX en el que Pelayo, el eremita, dijo haber
visto en este campo resplandores y cánticos. De este modo
a este campo se le llamó Campus Stellae o Campo de las Estrellas,
actual Santiago de Compostela.
El obispo de Iria Flavia, Teodomiro, descubrió
en el año 811 el sepulcro del Apóstol en este campo
y el Rey Alfonso
II declaró a Santiago Apóstol patrono del reino asturiano,
al que pertencia Galicia, y construyó una iglesia donde
más tarde se levantó la actual Catedral. El papa León
III asintió el carácter sagrado del hallazgo
y, claro, nadie ni siquiera investigó ni dudó,
y menos si en aquella época el reino asturiano se encontraba
en un aislamiento casi total, recordemos que más de
la mitad de España estaba ocupada por el Emirato de
Córdoba (al-Andalus). La ciudad debe a este descubrimiento
la fecha de su fundación, Santiago de Compostela se
fundó en el año 830 d.C.
Alfonso
III el Magno tambièn continuó con la tradición
de la masiva
construcción de iglesias y durante el reinado de estos
dos reyes se fundaron los monasterios
de Pinairo y Antealtares.
Fue Alfonso
VI quién en el año 1075 inicia la construcción
de la Catedral de Santiago
de Compostela.
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