Desde
1554 Felipe
II sería el Emperador que mayores territorios ha
tenido en el mundo. Ha sido el mayor Emperador de la Historia.
Casado en primeras nupcias con María de Portugal,
su primer vástago llegó el 8 de julio de 1545:
Don
Carlos. La felicidad duró poco pues su madre murió
del parto cuatro días después.
Las obligaciones de Felipe II con sus múltiples problemas
nacionales e internacionales hicieron que la infancia del
heredero fuera en soledad, solo mitigada por su aya Leonor
de Mascareñas y luego por sus tías María
y Juana de Austria. Don Carlos fue jurado como Príncipe
de Asturias el 22 de febrero de 1560 en Toledo.
Felipe II, profundamente religioso asumía el dificil
papel de cabeza de la cristiandad y defensor de la fe. En
el campo terrenal una de la herencias que recogió de
su padre fue el conflicto francés que supo gestionar
con eficacia enviando tropas para defender los territorios.
Sin duda Francia recordará las batallas de San Quintín
(10 de agosto de 1557) y Gravelinas (1558) y Roma al duque
de Alba. Estos tres factores hicieron que se firmara el tratado
de Cateau-Cambrésis en 1559 reconociendo la supremacía
de España en Europa. Por este tratado Felipe II se
debía casar con Isabel de Valois, este boda tuvo lugar
en Notre-Dame de París ese mismo año.
Por estos años el protestantismo acudía a solazar
espíritus que nada tenían que hacer ni que perder...
ni que pensar. Felipe II avisado ya de estos peligros por
su padre impuso una férrea disciplina y una ejemplarizante
forma de actuar en la ley que impidió, sin duda, la
extensión de esta escisión religiosa en nuestras
tierras. Todos aquéllos que querían hacer algo
contra España o contra el Papado (en contra de las
leyes en vigor) apoyaban al Protestantismo y de esta forma
pertenecer a los rebeldes. Debemos recordar que el protestantismo
pudo salir adelante con la ayuda de Enrique VIII, que necesitaba
una religión para poder divorciarse de Catalina
de Aragón y poder casarse con su amante, muy conocida
en la Corte por su ligereza, y de esta forma burlar las bulas
papales que estaban hartos de seguir los caprichos de este
rey.
Otro de los grandes problemas que heredó fue el peligro
turco y la economía. El primero de ellos llevó
a la aprobación de un decreto en 1567 que obligaba
a los musulmanes a abandonar su fe. Esto fue un espaldarazo
a las teorias seguidas por Diego de Espinosa en 1564 de mantener
y acrecentar las medidas represoras contra los musulmanes.
Este decreto acabó en la Revuelta de las Alpujarras
(1568) en Granada siendo reprimida
sin contemplaciones. También en otras partes de España
donde había una apreciable población musulmana,
se sufrió revueltas aunque no en la medida granadina.
En cuanto al otro de los grandes problemas heredados, la
economía, seguiría siendolo, todo en la creencia
de que las riquezas del Nuevo Mundo eran inagotables.
Durante estos duros años, de 1559 a 1569, dos de estos
grandes problemas pujaban por ser el más importante:
los turcos o los rebeldes de los Países Bajos, sin
olvidarnos del enemigo en casa, la nobleza, siempre ávida
de más dinero y de más poder. Dentro de la renovada
Administración, en la que el mérito profesional
y los estudios era lo que prevalecía, la nobleza siempre
buscaba el momento de mayor ocupación del monarca para
pedirle que la nobleza pudiera ocupar estos puestos.
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