En
el año 1561 se inicia la toma de las Islas Filipinas.
La epopeya fue ordenada por el virrey de México con
el Visto Bueno del rey Felipe
II pero ordenando tener cuidado con no enfrentarse con
la corona portuguesa tomando islas que no nos correspondieran.
Con todo ello los preparativos se iniciaron en 1563 en el
puerto de la Navidad (México) y que se retrasaron cinco
años. En ella irían el cosmógrafo fray
Andrés de Urdaneta, Luis de Velasco, Juan Pablo de
Carrión, Rodrigo de Espinosa, Esteban Rodíguez
de Huelva y Juan de la Isla.
Legazpi
dirigió la expedición en 1564 (21 de noviembre) y un año después
desembarcó en las islas Marshall (9 de enero de 1565, isla
de los Barbudos) y las islas Marianas (22 de enero de 1565,
isla de los Ladrones), pero cuando llegó a Cebú (27 de abril
de 1565) se enfrentó a los naturales de las Islas pues tenían
miedo de tomar contacto con extranjeros porque los lusos los
habian masacrado y creían que los españoles
iban a tomar venganza, la imposibilidad de tomar contacto
verbal con ellos y la imperiosa necesidad de alimentos llevó
a Legazpi a esta decisión.
En 1562 estallan en Francia las guerras de religión
que llegaban del norte de Europa. Europa estaba dividida ante
una benevolencia excesiva ante este cisma confesional. Mientras,
España aumentaba sus extensiones más allá
del Oriente, en Filipinas (1565) y se planteó la invasión
de China, pero esto no prosperó por el Desastre
de la Armada Invencible.
En el año 1567 el problema de Flandes se ponía
al rojo vivo, no obstante Felipe II tenía en esos momentos
las manos libres. Envió a Fernando Álvarez de
Toledo y Pimentel, conocido como el duque de Alba, al mando
de tropas veteranas de las campañas italianas. Nada
más llegar creó el llamado "Tribunal de
los Tumultos", tribunal de gran rapidez que se esperaba
fuera un calmante para los rebeldes de Orange. La revuelta
fue pronto eliminada y sus cabecillas huidos a diferentes
partes de Europa.
En Palacio las cosas no iban mejor, el 19 de enero de 1568
el príncipe Don
Carlos es arrestado por orden de su padre y murió
poco después en el castillo-prisión. La sucesión
se preveía complicada, Felipe II iba por su tercer
matrimonio con Isabel de Valois con la que tuvo dos hijas,
quedó nuevamente viudo y casó con Ana
de Austria, de quién saldría el futuro Felipe
III.
Mientras, en Francia, se recrudecía la guerra de religión.
La situación política, económica y social
europea echaba chispas por donde se mirara. Cada paso debía
ser estudiado, un fallo podría significar un desastre
de magnitudes extraordinarias.
Ahora tocaba al sur peninsular. Los turcos tomaron Túnez
en 1570 y barcos argelinos pirateaban las costas españolas.
Don Juan de Austria (hijo de Carlos
I) fue el encargado de retomar la ciudad y pacificar de
una vez por todas las Alpujarras. Así lo hizo, dispersando
a la población hostil.
El 7 de octubre de 1571 tuvo lugar una de las más
famosas e importantes batallas de los españoles, la
batalla de Lepanto. Fue una gran victoria para la Iglesia,
para los reyes cristianos europeos, para Felipe II y para
don Juan de Austria, jefe de la expedición. Esta batalla
llevó a que en 1580 se firmara una tregua en todo el
Mediterráneo.
Sobre estos meses los Países Bajos retomaban las armas
contra España. Esta vez el duque de Alba pudo controlar
la situación excepto en Holanda y Zelanda (un grupito
de islas entre Breda y Brujas). Este resurgimiento de la violencia
hizo al rey tomar la decisión de deponer al duque de
Alba y sustituirlo por Luis de Requenses en 1573. Requenses
una vez allí ordenó un indultó general
en la suposición de ablandar los corazones pero el
motín de nuestros propios soldados debido a que no
se les pagaba (1575) y la muerte de Requenses en 1576 llevaron
definitivamente al caos a nuestras posesiones en los Países
Bajos. Un nuevo encargado de los Países Bajos iba para
la zona: Don Juan de Austria.
Los Estados Generales firmaron con Guillermo de Orange a
finales de 1576 la "Pacificación de Gante",
esto es, el reconocimiento de la pluralidad de religiones
y la expulsión de las tropas hispanas. Este tratado
fue aceptado por D. Juan de Austria y él mismo dictó
el "Edicto Perpetuo" por el que las tropas españolas
debian abandonar los territorios en liza. Lo que ocurre con
estas situaciones es que suelen empeorar a medida que el enemigo
ve a un contrincante débil. Y esto fue lo que sucedió...
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