Vivían
fundamentalmente de la agricultura (trigo, aceite, vino) y
ganadería (brava), todo este comercio se hacía generalmente
en embarcaciones que subían por el río hasta Hispalis (Sevilla)
y de allí hasta otras partes de España. En esos años, las
ciudades más importantes eran las que estaban emplazadas a
lo largo de los mares y ríos, en la zona turdetana había más
de doscientas ciudades propiamente dichas, lo que da cuenta
de el auge del comercio.
Los tartesios tenían gran capacidad para anular las culturas
de sus vecinos, tal es así que incluso los bárbaros
fueron afectados por tal roce cultural. El sistema de castas
era similar al de los romanos, los amos desde sus casas de
lujo, tenían gran cantidad de esclavos para poder atender
a sus extensas tierras. La suntuosidad era patente en sus
habitaciones, en las que aparecían con profusión el uso de
metales preciosos, como el oro y la plata. Aun así el metal
no era muy estimado como valor económico hasta la llegada
de los romanos. Como siempre el trabajo en las minas y el
campo era muy duro y por esta época era normal el bandolerismo,
en auge sobre los años 50 a.C.
El comercio entre los turdetanos, fenicios y tartesios era
floreciente, aunque no suficientemente explotado, Gades y
Tartessos
eran las ciudades comerciales por excelencia. El comercio
se hacía generalmente en barcos, que al paso de los siglos
obtuvieron una gran maestría en el arte de la navegación.
Mientras tanto, ya en el siglo VII a.C. los fenicios llegaron
a la máxima actividad comercial, explotando además
el pescado, en especial los túnidos. Este comercio
y colonización fue especialmente floreciente en el
área catalana, en esta zona la cerámica alcanzó
gran nivel de desarrollo. Este floreciente comercio a nivel
penínsular desembica en las primeras migraciones de
poblados periféricos a la "gran ciudad".
En el siglo VI a.C. Tiro decae y los fenicios pasan a depender
económica y políticamente de Cartago. |