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El final de Cartago tuvo lugar en la tercera Guerra Púnica
(149-146 a.C). Por cierto, también la conquistó
un Cornelia, también apellidado Escipión y de
nombre Publio Cornelio Escipión Emiliano, hijo adoptivo
del anterior y, por tanto, nieto del primero.
Este Publio Emiliano fue el que en el año 133 a.C.
toma Numancia (Soria)
tras un asedio que hizo pasar a esta ciudad y a sus habitantes,
los arevacos, a la historia Universal. Tras la masacre las
tierras arevacas fueron repartidas entre diferentes tribus,
entre ellas las de los pelendones (Ver
Mapa). Más de doscientos años de guerra
les costó a los romanos Hispania, ésta guerra
dejó tras de sí episodios de cobardía
y traición, como el que tuvo lugar en Cauca (actual
Coca), que tras una rendición pactada asesinó
a todos los vacceos de la ciudad.
Antes hemos dicho que en el año 197 a.C. Hispania
sufría su primera división administrativa, la
Hispania Citerior que era la que más cercana estaba
a Roma y la Hispania Ulterior, más o menos la mitad
sur de la península Ibérica. Tres años
más tarde los lusitanos entraban por doquier en la
rica zona bética para el pillaje, esto estaba en contra
de los intereses romanos por lo que se inició una de
las más importantes persecuciones militares de la historia
no sólo española sino romana.
En esta ocasión también fué uno de los
Escipión, Nasica, hijo de Cneo, quién los derrotó
en Ilipa, la actual Alcalá del Río. Esta grave
derrota lusitana no desanimó a esta tribu indígena.
Durante los siguiente años las tomas y pérdidas
de ciudades en la zona Ulterior de Hispania eran constantes.
En el año 156 a.C. la guerra entre Roma y los lusos
comenzó de nuevo, pero esta vez para tener un final
digno para Roma, para ello dedicó muchísimo
dinero, tropas y hasta renunció al honor de las legiones
romanas traicionando sus propias palabras y pactos.
El problema hispano traspasó nuestra fronteras para
adentrarse en lo más profundo del Imperio romano. Los
ciudadanos romanos y sus políticos estaban alarmados
y asustados por la gran cantidad de tropas que estaban muriendo
en Hispania a manos de "salteadores", un enemigo
casi invisible que golpeaba cuando sabía que iba a
ganar y engañaba con la huida constantemente para luego
dar un golpe de mano a las filas enemigas que les perseguían. |