| El
sur de la Península Ibérica en el año
711 sufre una de las mayores debacles del mundo cristiano,
la invasión imparable y relámpago de los musulmanes;
de esta forma se convirtió en la provincia de al-Andalus,
dependiente de los Omeyas de Oriente (Damasco, actual capital
de Siria). Al pisar territorio invadido debieron luchar hasta
su extinción contra los cristianos por el norte, contra
sus diferencias tribales, contra los enemigos del norte de
África y contra el poder oriental (Damasco), demasiados
problemas.
La invasión fue llevada a cabo por diferentes tribus
(las más importantes eran los Abasíes, Fatimíes
y Omeyas) que no tardaron en tener tensiones internas entre
ellos. Hay que recordar que dependiendo de que tribu eran
los invasores se asentaban en un terreno o en otro, por lo
que las diferentes tribus estaban, digamos, juntas pero no
revueltas. (Ver
Mapa de Hispania durante el Emirato Cordobés).
Esto dió lugar de inmediato a tensiones tribales que
no fueron parcialmente sofocadas hasta que Yusuf-al-Fihri
se independizó, también parcialmente, de su
madre oriental. Pero los problemas le venían también
del sur; los Fatimíes (rama chií del Islam)
se habían sublevado en el norte africano y Yusuf necesitó
de fuerzas sirias para no ser invadidos por los chiíes.
Estas tropas terminaron por asentarse en el sur de Hispania
y aumentar de esta forma la mezcla de profesiones islámicas.
Pero aquí no concluyeron los problemas para los invasores
musulmanes: al-Dajil o Abd al-Rahman I (755-788) se instaló
también en el sur de Hispania. Abd al-Rahman I descendia
de Omeyas y no tardó en conseguir el nombramiento de
emir en el 755 y por tanto de establecerse en la ya
capital de al-Andalus, Córdoba.
Así consiguió la unificación de las diferentes
tribus y la tranquilidad necesaria para prosperar, aunque
eran tantas las tribus que se necesitó algo más
de un reinado para tranquilizar a todos los musulmanes.
En su reinado (755-788) ordenó la construcción
de la Gran Mezquita de Córdoba y centralizó
la Administración rodeándose de hayibes (validos)
y visires (ministros).
En el año 788 recoge el testigo Hisham I (788-796)
y más tarde al-Hakam I (796-822). Ellos se encargaron
de dirimir las diferencias entre las diferentes tribus definitivamente,
pero las tribus más ariscas fueron los beréberes
en los siglos VIII y comienzos del IX y los muladíes
(musulmanes conversos) que estuvieron sublevados en el siglo
IX contra el poder del emirato cordobés, eran familias
dificilmente sometibles a un poder diferente al suyo.
De estas revueltas nos constan las de los beréberes
en Ronda
(794) y Mérida
(805-813) y la de los muladíes de los Banu Qasi en
Zaragoza.
Queda por ver las dificultades que en estos primeros momentos
del establecimiento musulmán en Hispania traían
consigo los cristianos. Estos eran desde luego bastantes pues
es a partir del 722 cuando Pelayo
inicia la Reconquista de la Hispania visigoda, la nuestra,
la de todos los españoles.
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