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Las diferencias entre la población aumentaron considerablemente;
ya no les separaba solo su rama religiosa sino que además
estaban etiquetados en diferentes estratos sociales dentro
de su propio grupo dinástico. Los peligros de subsistencia
eran cada vez más graves.
Con la llegada de Abd al-Rahman III (912-961) se restauró
la unión interna y se logró golpear en ciudades
importantes del cristianismo hispano que hizo sucumbir a los
reinos de Castilla, León
y Navarra.
En el año 939 Ramiro II derrota a Abd al-Rahman III
en la famosa batalla de Simancas (Valladolid).
También se preocupó del norte de África
donde creó una nueva "Marca" para la protección
de los fatimíes. Ésta dinastía guerrera
nunca se doblegó ante la dinastía de los omeyas
y causaron graves problemas al emirato y luego califato de
Córdoba.
Los fatimíes se declaraban con legitimidad califal
por su ascendencia y Abd al-Rahman III lo atajó autoproclamándose
Califa y autonombrándose al-Nasir li-Din Allah (el
Victorioso por la Religión de Dios). Desde ahora Córdoba
sería un Califato independiente del de Bagdad. (Ver
Mapa de la Hispania Califal)
Corrían los mejores tiempos del Califato de Córdoba,
la herencia que recibió al-Hakam II (961-976) fue extraordinaria.
Una administración bien organizada y con un ejército
que mantenía a raya el norte de África y protegía
el norte de al-Andalus. Y su Armada estrenaba puerto en Almería
como base naval para el norte de África.
Tras la muerte de al-Hakam II y como su sucesor, Hisham II,
era un niño de once años, surgió una
breve crisis; diversos personajes de la dinastía Omeya
intentaron alcanzar el Califato pero los defensores del califa-niño
(Hisham II) y su madre Subh lo imposibilitaron, uno de los
pretedientes al Califato, al-Mughira fue asesinado y nadie
más quiso jugarse la vida.
El sucesor de al-Hakam II fue, por tanto Hisham II (976-1013),
X señor de al-Andalus, que fue controlado desde sus
principios por un personaje muy conocido en España:
Almanzor
(al-Mansur o por su nombre árabe Muhammad Ibn Abi Amir,
978-1002) erigido en visir junto a Yafar al-Mushafi, personaje
este último que se encargó del Califato desde
la muerte del padre hasta la investidura del niño-califa
y que ocupó el cargo de regente. Almanzor fue el más
astuto y taimado de la parte árabe, poco más
tarde fue el que junto al general Galib arrestaron a Yafar
al-Mushafi y se quedaron ambos generales con el poder absoluto
del Califato. Terca estirpe la de Almanzor, los amiríes,
originarios del Yemen, su hijo Abd al-Malik al-Muzaffar (1002-1008)
siguió intentando lo que su padre no pudo conseguir,
el título de Califa. No pudo ser aún contando
con la extrema debilidad que en esos momentos sufría
el califato cordobés con una división interna
social extraordinaria. Una vez resuelto el problema del suegro
de Almanzor, Galib, regresó a Medinaceli y Almanzor
se quedó en Códoba.
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