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Volvamos a los inicios del siglo XI, años en lo que
el Califato de Córdoba se estaba desmoronando a pasos
agigantados y en los que la Corona de Castilla y Aragón
andaban enfrentadas y Pamplona estrenaba rey, Sancho
Garcés III el Mayor.
Sancho reinó desde 1004 hasta 1035 justo en el momento
en que el Califato de Córdoba se desintegraba y se
despedazaba en los llamados Reinos de Taifas y Sancho III
supo aprovechar excelentemente la ocasión. Debido a
sus estrechas relaciones familiares con las demás coronas
de la Península Ibérica, fue desde bisnieto
hasta abuelo de reyes castellanos.
Los territorios que recibió eran la actual Navarra
(incluídos los señorios de Vitoria
y tierras de Guipúzcoa
y Vizcaya) y el Condado de
Aragón.
Sancho
II pronto expansionó su Reino con los condados de Ribagorza
en 1025 por renuncia de la condesa titular y el condado de
Sobrarbe.
En el año 1029 el trágico suceso del asesinato
de su cuñado García Sánchez, conde de
Castilla, traspasó la posesión del mismo a su
hermana doña Mayor, esto quiso decir que el Condado
de Castilla pasaba, momentánea-
mente al Reino de Navarra. Estos acontecimientos le llevó
a la conquista de territorios para el Condado de Castila,
como fueron León,
Zamora y Astorga.
La boda del hijo de Sancho III, Fernando I el Magno, con la hija de
Vermudo III, rey de León, llevó a ambos reinos
a unirse en el nuevo Reino de Castilla y León.
Durante su reinado se propagó el románico europeo
(Monasterio
de Leyre) y potenció el Camino
de Santiago como fuente de ingresos para las tierras por
las que confluía.
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