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El reinado de Sancho
IV el Bravo fue muy corto igual que el de su hijo Fernando
IV el Emplazado. Ahora quedaba un hijo recién nacido
(el futuro Alfonso
XI) y una viuda (Constanza de Portugal) frente a los hermanos
de la Cerda e incluso frente a los cuñados. Eran tiempos
convulsos pues la Reconquista parecía paralizada por
las peleas dinásticas entre los reinos cristianos,
como así era, lo que daba una sensación del
"todo vale". María de Molia, ya cerca de
su momento, dejó a cargo del niño en caso de
fallecer ella al Concejo de Valladolid, representado por los
omes buenos. El trabajo realizado por el Concejo
fue eficaz. Alfonso XI llegó a ser rey en 1325.
Como todo lo que consigue grandes beneficios económicos
y sociales, las cruzadas de la Reconquista dieron un gran
empuje social a los maestres y comendadores (digamos que éstos
eran los resposables de la Órden en sus respectivas
encomiendas). La corrupción llegó a los hermanos
Cruzados.
Esta situación fue aprovechada por el rey Alfonso
XI quién en el año 1335 obligó a
la renuncia del maestre de la Orden de Alcántara, frey
Ruy Pérez de Maldonado, éste no aceptó
esta "orden" y fue decapitado, el rey puso a un
títere fácil de manejar, la Orden era suya.
A la de Santiago le pasó otro tanto de lo mismo. En
1338, cuando el maestre Vasco Rodríguez Coronado murió
Alfonso ordenó a la cúpula maestral elegir como
maestre a Fabrique -un hijo bastardo de Leonor de Guzmán
y del rey de tan sólo ocho años- pero la Orden
eligió a otro, el rey impuso que se nombrara maestre
al hermano de su amante Alonso Meléndez de Guzmán.
Una vez conseguido esto asesinó al hermano y nombró
maestre de Santiago al niño Fabrique. Una verdadera
aberración del Espíritu Cruzado.
Por el contrario no todo fue malo en el reinado de Alfonso
XI, entre otras cosas siguió con la idea de reformas
políticas comenzadas por Alfonso X, reorganizando la
Hacienda Pública poniendo énfasis en una igualitaria
sujeción a impuestos por parte de todos los ciudadanos
independientemente de su poder económico. Mientras,
la Reconquista continuó con el Reino de Granana dejando
a los musulmanes sin plazas fuertes como Jaén,
Córdoba,
Málaga
y Almería.
Esta consecución de objetivos atrajo a la nobleza europea
que no tardaron en ayudar al rey de Castilla contra los infieles,
los franceses e ingleses enviaron tropas de refuerzo en la
toma de Algeciras en su larguísimo asedio (1340-1344),
pero claro si venían a ayudar esperaban una ayuda por
parte de Castilla. ¿Cuál era esa ayuda que podría
prestarles Alfonso XI?. Solo decirles que la Guerra de los
Cien Años entre Francia e Inglaterra estaba a punto
de comenzar, por tanto la respuesta es clara. Pero la inteligencia
de Alfonso XI evitó de forma asombrosa comprometerse
con uno de los dos bandos. Una vez tomada Algeciras quedaba
Gibraltar pero nunca lo vería, murió de la Peste
Negra en 1350, en pleno asedio al Peñón.
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