| Esta fascinante parte
de la historia de España ha sido, a menudo, interpretada
de forma sesgada e incluso omitiendo y equivocando al lector
sobre la realidad histórica. Dependiendo a quién
se lea o se oiga se interpretará la historia de diferentes
maneras a pesar de existir voluminosa documentación
que atestigua lo contrario a las dos partes. 
Isabel
la Católica era la tercera persona a la sucesión
al trono de su padre, Juan
II de Castilla. Por delante de ella estaban su sobrina
Juana (llamada
la Beltraneja) y su hermano Alfonso. Nada hacía
presagiar que a la muerte de Enrique
IV de Castilla (hijo y sucesor de Juan II) la providencia
y la ambición de Isabel la Católica usurparía
el trono que no le correspondía y se autoproclamara
reina de Castilla.
Enrique IV falleció a los veinte años de edad
(12-12-1474), muy pronto para aquella época. Sus últimos
años los dedicó a intentar modernizar el gobierno
asesorado por su valido Beltrán de la Cueva. Pero como
hemos indicado antes los nobles estaban al acecho de cualquier
iniciativa real y sobre todo si concernía a su bolsillo,
querían conservar sus poderes a la sombra de un monarca
al que podían manejar según sus antojos. Los
nobles se escindieron en dos bandos, los monárquicos
con los Mendoza a la cabeza y los nobiliarios con los Pacheco.
Los primeros ambicionaban una autoridad cabeza visible de
la Corona y los nobiliarios ambicionaban ser ellos mismos
la cabeza visible, teniendo al rey en sus manos para poderlo
manejar como un títere.
Las envidias hacían una vez más mella en la
política española. Los nobiliarios rompieron
el fuego: acusaron a Enrique IV de débil y manejable
(lo cual era cierto) y al otro propulsor de la renovación,
Beltrán de la Cueva, lo tacharon de ser el padre de
la princesa Juana (llamada más tarde la Beltraneja).
Con lo cual Juana era ilegítima y no tenía,
por tanto, derecho al trono.
En este estado de cosas Enrique vaciló y desheredó
a su hija Juana. Es bastante posible que esta decisión
fuera no por tener una hija ilegítima, cosa que se
supone bastante improbable) sino por ser su esposa consanguínea
con él y no disponía de dispensa papal para
celebrar el matrimonio.
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