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En 1506 muere Felipe el Hermoso y lo nobles que lo emcumbraron
a la regencia, por encima de Carlos
I y de Fernando el Católico, salieron corriendo
de España no fueran a padecer penas.
La educación de los dos hermanos fue crucial, mientras
Carlos se tuvo que quedar en Flandes educado como borgoñón,
su hermano Fernando se educó en España. Esto
hizo que Fernando el Católico dejara en su testamento
órdenes de que la regencia fuera a parar a Fernando.
La corte flamenca se le echó encima y un día
antes de su muerte Fernando dejó la regencia de Castilla
a Carlos y la de Aragón a otro hijo natural extramatrimonial,
Alonso de Aragón.
Debido a lo inestable para los intereses de España
de la sucesión que se avecinaba, los nobles, una vez
enterrado Felipe el Hermoso, se decantaron para que en un
futuro fuera coronado Fernando, en contraposición a
Carlos. Una vez más los nobles ven aquí una
forma de volver a las viejas épocas en que haciendo
favores al rey conseguían aumentar su tesoro y títulos
en detrimento, por supuesto, del pueblo.
Al morir el rey Fernando
el Católico la regencia la tomó el cardenal
Cisneros (a la sazón Inquisidor General) hasta la llegada de Carlos I. Los partidarios de
Fernando no estando al tanto de la modificación de última
hora del testamento del rey, pidieron la regencia. Cisneros
respondió con una lógica negativa.
Todo lo que lograron los Reyes Católicos fue ignorado
de inmediato. Las rencillas y la corrupción hicieron
de nuevo acto de presencia. Los comerciantes, sobre todo los
de la lana, radicalizaron sus protestas, exigiendo la compensación
de su trato discriminatorio y pidiendo la regulación
más estricta de la exportación de la mejor lana
y la importación de materiales manufactiurados. Aquí
España perdió una oportunidad para crear una
riqueza colosal.
Mientras, la Corte flamenca le coronó rey de Castilla
y Aragón el 14 de marzo de 1516. La unidad era una
realidad, cada territorio tenía sus propias administraciones
y otros estamentos, pero ello era fruto de las continuas preocupaciones
de la Corona por sus enemigos dentro y fuera de España
y por lo tanto no reparaban en ello para hacerlo objetivo
prioritario de sus políticas, y no por una pretendida
diferencia cultural, política y económica, que,
aunque existiera en cierto grado, es similar a las diferencias
que pueda haber entre una capital de provincia y sus villas
o incluso entre diferentes ciudades alejadas apenas ochenta
kilómetros.
Castilla estaba supeditada a los comerciantes burgaleses
y genoveses que compraban la lana antes del esquile y, de
esta forma, poner más tarde los precios a su antojo.
Aparte, toda la lana de mejor calidad era exportada a Flandes
con lo que sucedían dos hechos: el primero, la importación
de Flandes de productos manufacturados con nuestra propia
lana a precios elevados y lo segundo; la imposibilidad de
vender nuestras manufacturas con una evidente lana de peor
calidad. Cisneros fue un gran defensor de estas exigencias,
y por tanto, de la economía española.
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