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Los borgoñones no trajeron sino corrupción
al más alto nivel, el de la corona, daban mercedes
a espaldas del regente español, cardenal Cisneros.
Derogaban sanciones, delitos sin castigar... Una verdadera
crisis atenazó a las tierras de Castilla y Aragón.
Los nobles exigieron al nuevo rey su presencia en España
para tomar posesión de sus reinos. Esta presencia se
materializó el 19 de septiembre de 1517.
El cardenal Cisneros murió el 8 de noviembre de 1517,
no pudo entrevistarse con Carlos
I. Eso llevó a que después de la visita
del rey a sus reinos el preceptor Chièvres consiguiera
eliminar políticamente a Fernando
de Aragón y a su propia madre, Juana
la Loca.
En este mismo año ocurre un hecho histórico,
la división del Cristianismo. Lutero realiza su Reforma
en 1517.
Carlos I y Chièvres designaron a uno de sus adláteres,
Bernardo de Sandoval, la custodia de Medina del Campo y, por
extensión, de la reina, nadie debía ni siquiera
acercarse a ella. Así ocurrió.
Carlos abandonó tierras castellanas para dirigirse
a las aragonesas el 22 de marzo de 1518. Dejó una nobleza
estupefacta por no haber oído ninguna recomendación,
los mejores puestos se los quedaban los flamencos.
Los desórdenes no hicieron más que empezar.
Tras su elección como Emperador en junio de 1519 debió
ir rápidamente a su toma de posesión, dejando
el reino de Valencia sin visitar y cargando de nuevos impuestos
al pechero. Esto colmó el vaso.
Toledo comenzó con
la oposición a la corona y sus desvaríos fiscales.
Invitó a las demás ciudades con voz y voto en
Cortes a la unión pero no encontró ningún
eco, de momento. En esos momentos era notoria la oposición
de Toledo y Salamanca. Por
ello en las Cortes reunidas en Santiago
de Compostela por Carlos I no se dejaron pasar a sus representantes
y en las votaciones se admitió el cobro de impuestos
por parte del flamenco. En las ciudades que votaron a favor
murieron ahorcados por el pueblo varios procuradores y flamencos.
Era una traición a España. Entre estas ciudades
estuvieron Valladolid,
León, Zamora,
Sevilla, Granada...
Tras la salida del rey empezaron las revueltas de las Comunidades
y de las Germanías, una y otra buscaban lo mismo, la
actuación del pueblo en el gobierno. Una y otra se
evitaron. Una y otra fueron masacradas. Por supuesto, como
siempre ha pasado en España, la envidia, el cansancio
y la desunión hizo todo. |