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provincia de Huesca es habitada desde el Paleolítico
Inferior (Ver
esquema) y posteriormente se asientan en la llanura, dejando
la montaña a un lado por sus peores condiciones de
vida.
En las edades de los metales surgen mayormente
los primeros pobladores en la provincia de Huesca:
los íberos y los celtas, que la llamaron Bolscan u
Olscan. Los vascones fueron posteriores y su presencia fue
muy localizada y efímera.
Los romanos invaden Huesca (Oscca para ellos)
en el año 218 a.C. encontrándose las tribus de los
jacetanos y los ilergetes, la primera de ellas con capital
en la antigua Iacca (Jaca) fueron dominados por los romanos
hacia 195 a.C. y los ilergetes, más acostumbrados a
la gran ciudad, se someten con bastante más dificultad.
Uno de los personajes más importantes de Huesca es
Quinto
Sertorio, nacido en la actual Italia, se negó a
reconocer la autoridad del Senado romano y más tarde
fue asesinado en Osca por sus mismos oficiales en el año
72 a.C. Su gobierno fue extraordinariamente eficaz.
Ya en el año 714 (tres después
de la entrada musulmana en España) los árabes
invaden Huesca (Wasqa). La mayor parte de la población
huye a las montañas como refugio ante las hordas musulmanas.
Sobre el año 800 aproximadamente el
conde Aureolo se establece en Sobrarbe, a la muerte de éste
el jefe musulmán Amrus Ibn Yusuf ocupa Sobrarbe. Ya
en el año 833 Galindo Aznárez I funda el Monasterio
de Siresa intentando aglutinar una población dispersa
con el fin de iniciar un reino con una geografía y
una población definidas aprovechando el declive del
imperio carolingio. Tras muchos años de lucha entre
los cristianos y los musulmanes hasta que en 999 Almanzor
arrasa lo que ya era el condado de Aragón y poco más
tarde, en 1006, el hijo de Almanzor toma casi toda Aragón.
En 1035 ocurre un hecho histórico, Sancho
III el Mayor cede el condado de Aragón a su hijo
primogénito Ramiro I, éste poco después
lo convertirá en Reino debido a la muerte de su hermano
Gonzalo quién poseía Sobrarbe y Ribogorza. Años
más tarde (22 de marzo de 1071), bajo el reinado de
Sancho Ramírez I, sucede un hecho histórico
para España y para la Iglesia de Roma, la aceptación
de la sumisión a Roma de la Iglesia aragonesa. Este
hecho supuso, de facto, el reforzamiento definitivo de Aragón
como reino y para Roma la introducción de la reforma
de los monjes negros (cluniacenses) en España.
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