| Leyre
fue desde antiguo mimada por el poder real navarro y lo demuestra
el hecho de que en sus entrañas se enterraron las dos
primeras dinastías y algunos personajes de la realeza
navarra (ss. IX, X y XI).
La dedicación a San Salvador es originario
de la familia de Sancho
IV el de Peñalén en 1057, fecha de la consagración
del monasterio.
Con la unión del reino navarro al de
Aragón los enterramientos en etse monasterio decaen
para beneficiar al monasterio de San Juan de la Peña,
que era, claro está, de Aragón. Una vez conseguida
la independencia el reino navarro traslada definitivamente
los nuevos enterramientos reales a la catedral
de Pamplona.
En 1512 Navarra es anexionada por el reino
de Castilla y por tanto el monasterio no volvería a
disfrutar de prerrogativas tan suculentas como hasta ahora.
A finales de este siglo la decadencia del monasterio es patente
y sucede un hecho en la historia de Navarra, la desaparición
de los cuerpos de todos los reyes enterrados en el monasterio,
todo un misterio.
No fue hasta el año 1613 cuando tras
unas obras de rehabilitación se descubren los huesos
y prendas de los reyes de Pamplona y Navarra. Solo falta saber
quienes son pues la documentación de esta parte de
la historia de Navarra es escasa. Tras arduas
investigaciones se ha llegado a la conclusión de que
son, entre otros, los siguientes: Iñigo Arista (1º
rey de Navarra), García
Íñiguez I (2º rey de Navarra), Sancho
Garcés I Abarca (7º rey de Navarra) hasta alcanzar
a 18, entre ellos siete reinas.
En el siglo XIX la Desamortización de
Mendizábal (1836, ver
artículo) arruina los bienes patrimoniales de la
Iglesia y, entre ellos, los de este humilde monasterio. Declarado
Monumento Nacional desde 1867.
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