Alemania cada vez veía con peores ojos a Carlos. Incluso pensaban que sentía más aquiescencia por España que por su propia patria (hay que saber que Carlos I no era alemán, ni siquiera hablaba el alemán). Solimán el Magnífico cada año tenía mas posesiones en Europa y con la ayuda de Francia y los berberiscos campaban a sus anchas por el Mediterráneo son el silencio de las naciones europeas. Carlos I puso coto a estas andanzas con las batallas de Túnez (1535) y Argel (1541) con diferente signo. Pero otra molestia atenazaría al emperador, la siempre inamistosa Francia. Tras continuas batallas se llegó al tratado de Cambrray (1529) que impuso la paz. Al mismo tiempo Carlos I tuvo que invadir Roma tras las claras muestras militaristas por parte del papa Clemente VII. Debido a la temprana muerte del jefe militar, los soldados se dedicaron al saqueo, violaciones, robo de reliquias... El papa huyó. El saqueo duró un año y tras su retirada Clemente VII volvió a su asiento papal a finales de 1528. El emperador quedó absortó en su perplejidad cuando se enteró de los desmanes en Roma. |
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