El matrimonio terminó a lo largo de los años consumándose y las esperanzas de Raimundo eran cada vez mayores según pasaba el tiempo pues la reina Constanza no tenía descendencia. A esto el rey hizo todo lo que pudo por tenerla, entre esposas y amantes tuvo nada menos que siete mujeres. Por otra parte Doña Urraca tenía ya dos vástagos, Sancha nacida en 1095 y el futuro Alfonso VII en 1105 (Alfonso Raimúndez).

De entre los hijos ilegítimos del rey hubo uno, Sancho, que fue reconocido sucesor a la Corona de Castilla y León. Duro golpe para Raimundo que pactó a espaldas del rey para hacerse con la Corona. De poco le valió murió en 1107.

En 1108 su hermanastro Sancho muere y la Sucesión es para Urraca de Castilla. Pero una reina no podía reinar sóla y su padre Alfonso VI le buscó rápidamente marido, uno que la protegiese de las ambiciones de los nobles, siempre al acecho y eliminar las ambiciones de su hermana Teresa de Portugal, otra bastarda casada con Enrique de Lorena, conde de Portugal: éste hombre sería Alfonso I el Batallador, rey de Pamplona y Aragón. Aunque no era del agrado de Urraca acató las órdenes de su padre y se casó en 1109. Urraca ya era Reina de Castilla y León desde este mismo año hasta su muerte.

Las condiciones fueron muy duras por ambos contrayentes pues ofrecían sus reinos como compromiso. Si Urraca tenía un hijo con Alfonso el Batallador los reinos de Castilla y León pasararían a él, en caso contrario serían para Alfonso Raimúndez, el hijo que tuvo con su primer marido. Alfonso el Batallador daba sus reinos al descendiente común si lo hubiere.

Las intrigas de los nobles y clero castellanos fueron notables hasta el punto de denunciar ante el mismo Papa la ilegalidad del matrimonio por consanguineidad. La tensión creada afectó al matrimonio y Urraca decidió unirse a sus nobles y en contra de los intereses de su marido, que se suponen serían los de ella. La excomunión vino de Roma en 1112 y ambos se separaron definitivamente y sin descendencia común.

Una vez como Reina (en solitario) asoció la Corona a su hijo, el futuro Alfonso VII.

Al morir doña Urraca, el trono pasó a manos de su hijo Alfonso Raimúndez, o más conocido como Alfonso VII. Ah, se nos olvidaba, como buena Reina absoluta de sus reinos, tuvo sus amantes; como Pedro González de Lara y Gómez González de Candespina... y tuvo también hijo ilegítimos.

Biografía
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