Fernando I, el Magno (h. 1016-1065), rey de Castilla desde 1035 a 1065 y de León desde 1037 a 1065. Hijo de Sancho III el Mayor. A la muerte de su padre heredó  el condado de Castilla y dos años mas tarde fue rey de León al derrotar en Tamarón a su cuñado Vermudo III, que murió en la batalla. En 1054 se enfrentó a Navarra por algunos territorios.
Dedicó todo su esfuerzo a la reconquista, gracias a la debilidad de los reinos de taifas. Conquistó algunas plazas e hizo tributarios a los reyes de Zaragoza, Toledo y Sevilla. Tomó Coimbra en 1.064 pero fracasó en Valencia, donde enfermó y tuvo que retirarse. A su muerte repartió el reino entre sus hijos.


Fernando II (h. 1.137-1.188). Rey de León (1.157-1.188).
Segundo hijo de Alfonso VII, firmó con Sancho III de Castilla el Tratado de Sahagún para separar políticamente los reinos, establecido por su padre. Al morir Sancho se apoderó de Toledo y Segovia (1.162). Reconquistó y repobló la mayor parte de Extremadura y evitó que el rey portugués Alfonso I entrara en territorio patrio.

Fernando III  (h. 1201-1252), el Santo, rey  de Castilla desde 1.217 a 1.252 y de León desde 1.230 a 1.252. Hijo de Alfonso IX de León y de Berenguela de Castilla. Rey de Castilla a la muerte de Enrique I , se enfrentó a los Lara y a la intervención de su padre en los asuntos castellanos, y se dedicó a la reconquista aprovechando las disensiones internas de los reinos musulmanes. Durante la primera campaña (1.224-1.230) ocupó Andújar, Baeza y Martos.
A la muerte de su padre, unificados los reinos de Castilla y León, conquistó Córdoba (1.236), siendo ésta la segunda campaña. Al comenzar la tercera (1.240-1.246) ocupó la campiña cordobesa y el reino de Murcia, estableciendo con Jaime I de Aragón las fronteras entre los dos reinos. Conquistó Sevilla y la desembocadura del Guadalquivir excepto Niebla dos años después de conquistar Jaén y la campiña sevillana La muerte le impidió proseguir la conquista al otro lado del estrecho y fue canonizado en 1.671. Su sepultura se encuentra en la catedral de Sevilla, dedicada a la Virgen como ofrenda por la derrota musulmana en el año 1.248 y posterior reconquista de la ciudad.

Fernando IV, el Emplazado, (h. 1.285-1.312). Rey de Castilla (1.295-1.312).
Hijo de Sancho IV el Bravo y Maria de Molina. De nuevo durante su minoría de edad asumió la regencia su madre, que por cierto, tuvo mucho trabajo para que la nobleza no destituyese a su hijo. De nuevo la noble le traicionó al intentar junto con Jaime II de Aragón, la conquista de Granada.

Fernando VII (h. 1784-1833), rey de España desde 1808 a 1833. Hijo de Carlos IV y de María Luisa de Parma.
Su participación en la conspiración contra Godoy y su propia madre le llevó al proceso del Escorial (1.808) pero, después del motín de Aranjuez y la abdicación de su padre, comenzó su reinado. Con la invasión de las tropas napoleónicas se trasladó a Bayona, donde abdicó en favor de su padre y éste en Napoleón, y estuvo cautivo en Valencay. Liberado, promulgó en Valencia el decreto por el que se derogaba la constitución de 1.812 y se reinstauraba el absolutismo. Intentó remediar la ruina de la hacienda que impedía la recuperación de los territorios americanos emancipados.
Tras el pronunciamiento de Riego  (1.820), se vio obligado a aceptar la constitución de Cádiz  pero con la intervención de los "Cien mil hijos de san Luis",  fue restaurado como rey absoluto en 1.823. Durante diez años, Fernando se fue distanciando de los sectores reaccionarios, agrupados en torno al infante Carlos, como presunto sucesor del reino. Con la promulgación de la Pragmática sanción de 1.789 y el nacimiento de su hija Isabel (1.830) , los carlistas pasaron a la insurrección armada.
A lo largo de su vida casó cuatro veces, la última fue María Cristina de Nápoles y derogó la Ley Sálica, es decir las mujeres ya podían reinar. Todo ello, claro, porque tenía una hija heredera.