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SAN SIMEON, Obispo y Mártir
El Evangelio de San Mateo
describe a San Simeón como uno de los parientes o hermanos
del Señor. Su padre era Cleofás, hermano de San José, y
su madre, era hermana de la Virgen María, siendo Simeón
primo carnal del Señor. Sin duda, el santo fue uno de los
hermanos de Jesús que recibió el Espíritu Santo el día de
Pentecostés.
Siendo asesinado Santiago
el menor por lo judíos, los apóstoles y discípulos se reunieron
para elegir a su sucesor en la sede de Jerusalén y por unanimidad
escogieron a Simeón. El año 66 estalló en Palestina la guerra
civil a consecuencia de la oposición de los judíos a los
romanos y parece que los cristianos de Jerusalén recibieron
del cielo el aviso de que la ciudad sería destruida y que
debían salir de ella sin tardanza, refugiándose con el santo
en la ciudad de Pela.
Después de la toma y destrucción
de Jerusalén, los cristianos volvieron y se establecieron
en las ruinas, hasta que el emperador Adriano arrasó con
los escombros, pero este hecho permitió que la Iglesia floreciera
grandemente y que numerosos judíos se convirtieran al cristianismo
debido a los milagros obrados por los santos. Vaspaciano
y Domiciano mandaron a matar a todos los miembros descendientes
de David, pero Simeón consiguió escapar.
Sin embargo, durante la persecución
de Trajano, fue denunciado como cristiano y descendiente
de David, siendo sentenciado a muerte por el gobernador
romano Atico. Fue torturado y crucificado, soportando con
fortaleza y valentía el suplicio, pese a que contaba con
120 años.
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Fuente: ACI
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